Amazon quiere comprar Globalstar: el gran movimiento para plantar cara a Starlink y negociar con Apple

  • Amazon negocia la compra de Globalstar por unos 9.000 millones de dólares para impulsar su proyecto de internet satelital Amazon Leo (Project Kuiper).
  • Apple posee cerca del 20% de Globalstar y tiene reservado alrededor del 85% de su capacidad satelital para funciones como Emergencia SOS vía satélite en el iPhone.
  • Starlink mantiene una clara ventaja con más de 10.000 satélites y millones de clientes, frente a los poco más de 200 satélites que Amazon ha puesto ya en órbita.
  • La operación daría a Amazon espectro licenciado e infraestructura ya operativa, acelerando su despliegue en Europa y el resto del mundo, pero obligándole a pactar con Apple.

Internet satelital Amazon Globalstar

La batalla por ofrecer internet satelital en cualquier rincón del planeta se está acelerando y los grandes nombres de la tecnología han decidido mover ficha. Después de años en los que Starlink ha marcado el ritmo, Amazon prepara una jugada muy ambiciosa: comprar Globalstar, uno de los operadores clave de satélites en órbita baja.

Esta posible adquisición, valorada en torno a 9.000 millones de dólares, no solo apunta a recortar distancias con Starlink, sino que coloca en el centro del tablero a Apple, que posee una participación relevante en Globalstar y depende de su red para funciones tan sensibles como la Emergencia SOS vía satélite de los iPhone. El resultado de esta negociación puede marcar el futuro de la conectividad, también en Europa y España.

Qué busca Amazon con la compra de Globalstar

La mayoría de usuarios asocia todavía Amazon con su famosa tienda online, pero el gigante fundado por Jeff Bezos lleva años diversificando su negocio. Con Amazon Web Services (AWS) domina la infraestructura en la nube, compite con Netflix a través de Prime Video y cuenta con su propio servicio de música en streaming. El siguiente frente es claro: el internet satelital.

Hace años que la compañía trabaja en su propia constelación de satélites, inicialmente bajo el nombre de Project Kuiper y ahora comercialmente como Amazon Leo. El objetivo es ofrecer banda ancha desde órbita terrestre baja (LEO) para dar cobertura allí donde las redes móviles o la fibra no llegan, algo muy relevante para zonas rurales de España, regiones montañosas de Europa o áreas remotas de otros continentes.

El problema para Amazon es que, por ahora, va muy por detrás de Starlink. Mientras la empresa de Elon Musk opera ya más de 10.000 satélites y suma alrededor de 9-10 millones de clientes en todo el mundo, Amazon ha puesto en órbita algo más de 180-200 satélites desde el inicio de sus lanzamientos, una cifra claramente insuficiente para competir de tú a tú en cobertura y capacidad.

De ahí el interés en Globalstar: con esta compra, Amazon no partiría de cero, sino que incorporaría de golpe una constelación ya operativa, espectro licenciado y una red de estaciones terrestres repartidas por todo el planeta. A nivel estratégico, esto significaría recortar años de despliegue y trámites regulatorios, algo crucial en un mercado que se mueve a toda velocidad.

Qué es Globalstar y por qué es tan valiosa

Globalstar es un operador de satélites de órbita terrestre baja con sede en Luisiana (Estados Unidos). Su red, formada por unas decenas de satélites LEO y más de una veintena de estaciones terrestres, ofrece servicios de voz, datos, seguimiento y conectividad a clientes empresariales, gubernamentales y de consumo.

Uno de sus activos más importantes es el espectro de radiofrecuencia en bandas L y S, con licencias en más de un centenar de países. Estos “carriles” de comunicación son recursos limitados y extremadamente codiciados para transmitir datos y voz desde el espacio, especialmente cuando se pretende dar servicio global.

Además del espectro, Globalstar aporta una infraestructura terrestre ya en funcionamiento, compuesta por gateways repartidos por distintos continentes que conectan los satélites con las redes convencionales. Para Amazon, esto supone ahorrarse años de inversión en construcción y permisos, muy especialmente en regiones con regulación compleja como la Unión Europea.

A todo esto se suma la experiencia operativa acumulada: Globalstar lleva décadas gestionando redes satelitales en órbita baja, trabajando con sectores como la industria, el transporte, la agricultura, la seguridad o la administración pública. Desde la óptica de Amazon Leo, no es solo comprar “hierro” en el espacio, sino también conocimiento y relaciones comerciales.

Apple, el invitado imprescindible en la negociación

La operación, sin embargo, tiene una complicación mayúscula: Apple no es un actor secundario en Globalstar. En 2024, la compañía de Cupertino invirtió en torno a 1.500 millones de dólares en el operador y se aseguró aproximadamente el 20% de sus acciones, además de una posición preferente en el uso de su red.

Gracias a este acuerdo, Apple dispone de acceso a cerca de un 85% de la capacidad de la constelación de Globalstar, lo que le permite habilitar funciones como Emergencia SOS vía satélite, la mensajería satelital y la integración con la red Buscar en los iPhone y Apple Watch más recientes. Estas prestaciones ya se utilizan en Europa y han demostrado ser útiles en rescates y situaciones críticas sin cobertura móvil.

Esto significa que Apple no es simplemente un inversor financiero, sino un socio estratégico con poder de decisión. Cualquier adquisición de Globalstar por parte de Amazon exige negociar con Apple para respetar contratos ya firmados, garantizar la continuidad del servicio a millones de usuarios y aclarar el reparto de capacidad satelital a futuro.

Desde el punto de vista de Apple, la situación es delicada: buena parte de una función diferencial de sus dispositivos depende de una infraestructura que no controla al 100%. Si el nuevo dueño es Amazon, que compite con la compañía en campos como el vídeo en streaming, la nube o incluso los servicios digitales, la relación se volvería inevitablemente más compleja.

Impacto en las funciones satelitales del iPhone y Apple Watch

Por ahora, todo apunta a que los usuarios de iPhone y Apple Watch no notarían cambios inmediatos si la compra se concretase. Los acuerdos existentes entre Apple y Globalstar garantizan contractualmente el acceso a la red durante años, por lo que los servicios de SOS, mensajería y localización vía satélite seguirían activos.

La incógnita aparece a medio y largo plazo. Apple lleva tiempo explorando nuevas funciones ligadas a la conectividad satelital: desde mejorar la navegación en Apple Mapas en zonas remotas, hasta permitir el envío de fotos, datos de salud o información avanzada de localización cuando no hay cobertura móvil tradicional.

Incluso se ha planteado que, con el tiempo, esta conectividad pueda integrarse con redes 5G y servicios de terceros, abriendo la puerta a una API satelital para desarrolladores. Esto permitiría crear aplicaciones pensadas para deportes de montaña, navegación marítima, gestión de flotas o emergencias, con especial interés en regiones con orografía complicada como buena parte de España o países alpinos europeos.

Si Amazon se convierte en el nuevo propietario de Globalstar, tendrá que decidir hasta qué punto mantiene las condiciones actuales con Apple o intenta renegociar para reservar más capacidad a Amazon Leo. En cualquier caso, romper de forma brusca esos acuerdos sería complicado, tanto por el peso contractual como por el impacto reputacional que tendría afectar a un servicio relacionado con la seguridad de los usuarios.

Starlink, el rival a batir

Mientras Amazon y Apple se mueven entre despachos y contratos, Starlink sigue ampliando su ventaja. La compañía de SpaceX ha desplegado ya más de 10.000 satélites operativos, una cifra que multiplica por unas 50 veces el pequeño centenar largo que Amazon tiene actualmente en órbita con su programa Kuiper/Amazon Leo.

Los lanzamientos de Starlink se han acelerado en los últimos años: tras los primeros satélites de prueba en 2018 y las remesas iniciales en 2019, el ritmo no ha parado de crecer. Hoy, el servicio dispone de millones de abonados repartidos por todo el mundo y se ha convertido en la principal fuente de ingresos de SpaceX, generando, según algunas estimaciones, hasta alrededor del 80% de la facturación de la empresa.

En Europa y España, Starlink ya ofrece conexiones de alta velocidad en zonas rurales, núcleos aislados y entornos donde la fibra y el 5G no llegan aún con garantías. Esto ha permitido que muchos usuarios que antes se conformaban con ADSL lento o conexiones inalámbricas inestables puedan acceder a servicios de teletrabajo, streaming en alta definición o educación online con una calidad aceptable.

Globalstar, por su parte, opera con una flota de alrededor de 50 satélites, muy por debajo tanto de Starlink como de los planes a futuro de Amazon. Sin embargo, su valor no reside solo en la cantidad, sino en la calidad de su espectro, la cobertura regulatoria y el tipo de servicios integrados, factores que explican el interés de Amazon en hacerse con la compañía.

Amazon Leo y su hoja de ruta: de los satélites al mercado

El programa de internet satelital de Amazon, conocido internamente como Project Kuiper y comercialmente como Amazon Leo, tiene una hoja de ruta ambiciosa. La idea es desplegar una constelación de varios miles de satélites en órbita terrestre baja para cubrir prácticamente todo el globo.

Los documentos remitidos a los reguladores apuntan a una constelación que podría acercarse a las 7.700 unidades, aunque el número final dependerá de cómo evolucione el proyecto y de las autorizaciones de organismos como la FCC en Estados Unidos o sus equivalentes en Europa. Por ahora, Amazon ya ha pedido más tiempo a la FCC para cumplir ciertos hitos, como el lanzamiento de los primeros 1.600 satélites comprometidos.

En este contexto, la compra de Globalstar es una forma de ganar velocidad. En lugar de esperar a que los lanzamientos acumulen masa crítica, Amazon podría combinar su constelación con la infraestructura de Globalstar para ofrecer servicios comerciales más pronto y con mejor cobertura internacional, incluyendo países europeos donde las licencias de espectro son especialmente sensibles.

A nivel de producto, la marca Amazon Leo promete conexiones rápidas, estables y transportables, con terminales pensados tanto para hogares como para empresas, administraciones públicas y usuarios en movimiento (vehículos, barcos, instalaciones temporales…). La integración con otros servicios de la compañía, como AWS, abre además la puerta a soluciones globales para empresas europeas que necesiten conectar dispositivos IoT, redes privadas o infraestructuras críticas.

Reacciones del mercado y efecto en las acciones de Globalstar

La filtración de las negociaciones ha tenido un impacto inmediato en los mercados financieros. Tras conocerse que Amazon estaba estudiando la compra de Globalstar, las acciones del operador de satélites registraron subidas de doble dígito en las operaciones posteriores al cierre, con repuntes que se situaron en torno al 12-15% según distintas fuentes.

Esta reacción indica que los inversores se toman en serio la posibilidad del acuerdo y ven lógica la combinación de ambos negocios. No es la primera vez que Globalstar aparece en rumores de venta: ya en el pasado se habló de contactos preliminares con SpaceX, aunque aquella vía no llegó a materializarse en una operación.

En el caso de que Amazon siga adelante, conseguiría no solo satélites y estaciones terrestres, sino también una base regulatoria y de espectro ya aprobada, además de una red que Apple ha respaldado con una inversión millonaria. Para una empresa que intenta ganar posiciones en una “nueva carrera espacial” cada vez más competida, este punto de partida es muy atractivo.

Hasta que no haya un anuncio oficial, no obstante, las acciones de Globalstar seguirán expuestas a la volatilidad. El mercado descuenta parte del posible escenario positivo, pero también es consciente de que las conversaciones podrían romperse si no se alcanza un acuerdo satisfactorio para todas las partes implicadas, especialmente Apple.

Posibles implicaciones para Europa y España

Más allá de la batalla corporativa entre gigantes tecnológicos, la operación tendría consecuencias prácticas para la conectividad en Europa y España. La combinación de Amazon Leo y Globalstar podría traducirse en más competencia frente a Starlink, lo que en teoría debería empujar a una mejora de servicios y, con el tiempo, ajustar precios.

En países como España, donde aún existen zonas rurales y montañosas con dificultades para acceder a banda ancha de calidad, una mayor oferta de internet satelital puede marcar la diferencia. La posibilidad de contratar conexiones desde casi cualquier punto del territorio facilita el teletrabajo, la educación a distancia, la telemedicina o el turismo en áreas poco pobladas, que podrían ganar atractivo si la conectividad deja de ser un problema.

Para la Unión Europea, el avance de actores privados como Amazon y SpaceX se suma a proyectos propios de constelaciones europeas de comunicación, con el objetivo de no depender en exceso de empresas estadounidenses para servicios críticos. En este escenario, la entrada de Amazon reforzada por Globalstar podría acelerar debates regulatorios sobre espectro, competencia y seguridad de las comunicaciones.

También las empresas europeas, incluidas pymes y startups, podrían beneficiarse de una infraestructura satelital más accesible para desarrollar soluciones de monitorización agrícola, logística, energía, vigilancia ambiental o gestión de emergencias. Si Amazon decide integrar sus servicios satelitales con AWS en la región, se multiplicarán las opciones de desplegar proyectos que antes eran inviables por falta de cobertura.

En conjunto, la posible compra de Globalstar por parte de Amazon dibuja un escenario en el que el internet satelital se consolida como una pieza clave de la conectividad global, con Starlink todavía en cabeza, Amazon acelerando a base de adquisiciones y Apple protegiendo su posición como usuario preferente de una red crítica para algunas de las funciones más avanzadas del iPhone y el Apple Watch. Lo que se decida en estas negociaciones puede cambiar, en los próximos años, la forma en la que nos conectamos desde los lugares donde hoy el móvil se queda sin cobertura.

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