Olvidemos por un momento la narrativa romántica sobre la «magia» de los productos de Apple. Si analizamos con frialdad los movimientos de la cadena de suministro y la política de precios histórica de la compañía en Europa, la cifra está clara: el primer iPhone plegable no bajará de los 2.299 euros en su versión de entrada. Es una cifra agresiva, incluso para los estándares de Cupertino, pero responde a una lógica de mercado puramente extractiva: Apple ha tardado mucho en llegar a un segmento que Samsung ya ha trillado, y lo hace con la intención de imponer el precio más alto del sector.
Apple no está intentando democratizar esta tecnología. Al contrario, la experiencia con sus lanzamientos de «primera generación» me dice que están diseñando un producto para un nicho muy específico que no tiene sensibilidad al precio. Estamos ante un dispositivo que costará casi el doble que un iPhone 15 Pro de salida, una estrategia de segmentación de lujo que busca compensar el altísimo coste de los paneles flexibles y la complejidad de una bisagra que, esperemos, cumplirá con sus estándares de durabilidad.
No se trata de sólo de ingeniería, se trata de márgenes. Apple no va a lanzar este nuevo producto de lujo con un margen de beneficio inferior al 40%. Para mantener ese nivel de ingresos en un dispositivo cuyos componentes internos son significativamente más caros que los de un iPhone plano, la única salida es trasladar ese coste —y un generoso extra— al consumidor final, especialmente al europeo, que siempre acaba pagando la factura más alta.

El referente de la competencia: Samsung como escudo de precios
Para fijar este precio de 2.299 euros, Apple ha mirado de reojo a su principal competidor. El Samsung Galaxy Z Fold 7 ya se mueve en la horquilla de los 1.899 dólares en EE.UU. y ya superó los 2.000 euros en Europa en su modelo base en el lanzamiento. Samsung ha hecho el trabajo sucio de acostumbrar al mercado a pagar precios de ordenador por un teléfono, y Apple va a aprovechar ese camino pavimentado para situarse un escalón por encima.
La diferencia es que, mientras Samsung suele aplicar descuentos agresivos y promociones de lanzamiento a los pocos meses, Apple mantendrá el precio de 2.299 euros inamovible durante todo el ciclo de vida del producto. Es una jugada cínica pero efectiva: utilizan el precio de Samsung como suelo para justificar su propio techo. Si el Galaxy Fold es el estándar, el iPhone plegable se venderá como el estándar de oro, permitiéndose el lujo de costar 200 o 300 euros más solo por el logotipo y la cohesión de su ecosistema.
«Apple no compite en prestaciones por euro; compite en la capacidad de convencer al usuario de que un gasto de 2.299 euros es una inversión necesaria para no quedar fuera de la próxima gran transición del hardware.»
En Estados Unidos, este mismo dispositivo se anunciará probablemente por 1.899 dólares. La enorme brecha hasta los 2.299 euros de Europa no se explica solo por el 21% de IVA; se explica por una política de protección de beneficios ante el cambio de moneda y unos costes operativos en suelo europeo que Apple no está dispuesta a absorber. Es, en términos llanos, un impuesto por vivir a este lado del charco. En España tenemos que añadir además unos sueldos significativamente más bajos que la mayoría de países europeos, pero esto no es culpa de Apple

La obsolescencia y el soporte: ¿Dura un móvil de 2.300 euros lo suficiente?
El mayor problema estratégico que veo en un iPhone de 2.299 euros es la durabilidad mecánica. Apple ha construido su reputación sobre la base de que sus teléfonos duran cinco o seis años. Sin embargo, la tecnología de pantallas plegables tiene una fecha de caducidad física inherente. Las capas de polímeros y los adhesivos sufren una fatiga que el cristal rígido no conoce. ¿Cómo justificas a un cliente que su dispositivo de más de dos mil euros pueda presentar una marca en el pliegue a los dos años?
Aquí es donde entra la estrategia de servicios. Este precio hará casi obligatorio, un seguro tipo AppleCare+ que encarecerá aún más la propiedad del terminal. Apple sabe que el hardware plegable es un campo de minas para el servicio postventa. Al fijar un precio tan elevado, se cubren las espaldas ante posibles reparaciones masivas o reemplazos de pantalla, un coste que ya han calculado y que está implícito en esos 2.299 euros.
Además, este precio empuja al usuario hacia un modelo de «renting» o pago por uso. Pocas personas pagarán esa cifra al contado; la mayoría entrará en planes de financiación que aseguran que el cliente permanezca dentro del ecosistema cerrado de la marca durante años. Es una forma de atrapar al consumidor en un ciclo de deuda tecnológica de alta gama del que es muy difícil salir una vez que te acostumbras a la gran pantalla.

Un techo de cristal (flexible)
Establecer el precio del iPhone plegable en 2.299 euros es una maniobra de riesgo calculado. Apple confía en que su marca es lo suficientemente fuerte como para que el usuario ignore que está pagando el precio de dos iPhone Pro por un solo dispositivo que, en esencia, hace lo mismo pero se dobla. Es la culminación de una tendencia donde el iPhone ha dejado de ser una herramienta democrática para convertirse en un artículo de estatus prohibitivo para muchos.
Mi visión es que este movimiento podría ser contraproducente a largo plazo. Si bien generará beneficios récord por unidad vendida, también aleja a Apple de la realidad económica de gran parte de sus usuarios. A 2.299 euros, el iPhone plegable no es una evolución del teléfono; es un experimento de lujo que pone a prueba cuánto estamos dispuestos a pagar por una solución a un problema —el tamaño de la pantalla— que muchos ya tienen resuelto con un iPad. Al final, no estamos pagando por una revolución, sino por el privilegio de ser los primeros en probar la versión de Apple de una tecnología que otros ya han hecho madurar.
A esto hay que añadir la incertidumbre del mercado de segunda mano. Históricamente, comprar un iPhone ha sido lo más parecido a adquirir un valor refugio; mientras que un gama alta de Android perdía la mitad de su valor al cruzar la puerta de la tienda, el iPhone retenía hasta un 70% tras el primer año. Sin embargo, con el iPhone plegable de 2.299 euros, esta dinámica puede saltar por los aires. El mercado de ocasión penaliza severamente la incertidumbre técnica. Un comprador de segunda mano busca fiabilidad, y una pantalla que ha sido doblada miles de veces por un desconocido es un riesgo difícil de asumir sin un descuento drástico. Por mucho que el logotipo de la manzana presida la trasera, la degradación física del panel orgánico y el desgaste de la bisagra pueden convertir a este dispositivo en el iPhone que más rápido se devalúe de la historia.