Apple e Intel sellan un acuerdo preliminar para fabricar chips en EE. UU. y redefinir el mapa de los semiconductores

  • Apple e Intel cierran un acuerdo preliminar para fabricar chips en EE. UU. tras más de un año de negociaciones.
  • El pacto impulsa la estrategia de Washington de recuperar producción local de semiconductores y reducir la dependencia de Asia.
  • Intel logra un importante respaldo a su negocio de fundición, con subidas bursátiles históricas y apoyo público del Gobierno estadounidense.
  • Apple busca diversificar riesgos geopolíticos frente a su fuerte dependencia de TSMC, con efectos potenciales para Europa y España.

Acuerdo preliminar de Apple e Intel para fabricar chips en Estados Unidos

Apple e Intel han alcanzado un entendimiento preliminar para que la compañía de Santa Clara fabrique parte de los chips que dan vida a los dispositivos del fabricante del iPhone en territorio estadounidense. El movimiento, aún en fase inicial, encaja en la ofensiva industrial de Estados Unidos para traer de vuelta la producción de semiconductores avanzados.

El acuerdo, desvelado por varios medios estadounidenses que citan a personas conocedoras de las conversaciones, no detalla todavía qué gamas de productos de Apple se verán afectadas ni qué generaciones de procesadores fabricará Intel. Aun así, supone un giro relevante en la cadena de suministro de la compañía de Cupertino, muy concentrada hasta ahora en Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC).

Un pacto tras más de un año de negociaciones intensas

Según las filtraciones, Apple e Intel han mantenido contactos constantes durante más de un año, con reuniones repetidas y presión política en paralelo, hasta cerrar recientemente un marco de colaboración que se describe como preliminar pero ya formalizado entre las partes.

Las fuentes señalan que el acuerdo fija las bases para que Intel produzca determinados chips clave para Apple en plantas ubicadas en Estados Unidos, aunque se reserva para más adelante la concreción de volúmenes, calendarios y familias de productos. En cualquier caso, se trataría de procesadores de alto valor añadido, vinculados a dispositivos como iPhone, iPad o Mac.

En los últimos meses, la prensa especializada había avanzado que Apple estaba sondeando tanto a Intel como a Samsung para diversificar su fabricación de procesadores en suelo estadounidense. El nuevo entendimiento con Intel sería, por ahora, el movimiento más tangible de esa estrategia de diversificación.

La propia dinámica del sector explica parte de esta urgencia: la demanda de chips avanzados se ha disparado por el auge de la inteligencia artificial, los centros de datos y los dispositivos conectados, tensionando la capacidad de los grandes fabricantes de semiconductores y elevando el riesgo de cuellos de botella.

Para una empresa del tamaño de Apple, que vende cada año cientos de millones de iPhone, además de iPad y ordenadores Mac, un cambio de calado en sus proveedores de chips tiene efectos sistémicos en toda la industria tecnológica, desde los fabricantes de maquinaria hasta los proveedores de materiales.

Fábrica de chips de Apple e Intel en Estados Unidos

Washington empuja la fabricación local de semiconductores

Este acercamiento entre Apple e Intel no se entiende sin el contexto político. La administración estadounidense ha hecho de la relocalización de la producción de chips una prioridad estratégica, tanto por motivos económicos como de seguridad nacional.

Programas como el CHIPS Act han canalizado miles de millones de dólares en subvenciones e incentivos para reforzar la capacidad productiva de empresas como Intel dentro de Estados Unidos. El objetivo declarado es reducir la dependencia de Asia, y en particular de Taiwán, en procesos de fabricación avanzados.

En este entorno, el Gobierno estadounidense se ha implicado directamente para atraer grandes clientes tecnológicos a las foundries domésticas. Responsables de la administración han mantenido reuniones con altos ejecutivos de Apple, así como con directivos de otras grandes tecnológicas, para animarles a contratar producción con Intel.

Fuentes citadas por la prensa norteamericana señalan que el Ejecutivo considera a Intel un activo estratégico para la autonomía industrial de Estados Unidos, más allá de su participación accionarial o de los subsidios ya comprometidos. La idea de fondo es clara: sin capacidad local de fabricar chips de última generación, la economía digital y las capacidades militares estarían expuestas.

La alianza preliminar con Apple encajaría, por tanto, en una hoja de ruta donde Washington aspira a que los grandes contratos de fundición se queden en suelo estadounidense, tanto para consumo interno como para exportación a otros mercados, entre ellos Europa.

Impacto inmediato en los mercados: rally histórico de Intel

La filtración del acuerdo fue recibida con entusiasmo en los parqués. Tras publicarse los primeros reportes, las acciones de Intel registraron subidas de doble dígito, con avances que oscilaron entre el 13% y el 17% en distintas sesiones, hasta marcar nuevos máximos históricos de cotización.

Este salto amplía un rally alcista que la compañía viene encadenando desde comienzos de año, impulsado por la narrativa de recuperación del negocio de fabricación y por su exposición creciente a la demanda de chips para inteligencia artificial y servidores.

Los inversores interpretan el posible contrato con Apple como una señal de validación para la estrategia de Intel de reposicionarse como foundry para terceros, tras años en los que había perdido terreno tecnológico frente a TSMC y Samsung en procesos de vanguardia.

En paralelo, Apple también registró un avance en bolsa, aunque mucho más moderado, en torno al 1,7%-2%. El mercado valora positivamente que el grupo de Cupertino pueda ensanchar su base de proveedores y reducir su vulnerabilidad ante eventuales problemas en una única fábrica o región.

Para Intel, que además ha cerrado en los últimos tiempos acuerdos con otras grandes tecnológicas estadounidenses, el entendimiento con Apple podría convertirse en uno de los contratos más relevantes de su nueva etapa como fabricante por encargo.

Apple intenta reducir su dependencia de TSMC y los riesgos geopolíticos

Por el lado de Apple, el movimiento responde a una preocupación que comparten muchas empresas occidentales: la concentración del riesgo en Taiwán, epicentro de la fabricación mundial de chips avanzados a través de TSMC.

TSMC sigue siendo el referente en nodos de vanguardia y ha sido durante más de una década el proveedor exclusivo de los procesadores más avanzados de Apple, desde los chips de la serie A para iPhone hasta las familias Apple Silicon para Mac. Sin embargo, las tensiones entre China y Taiwán han elevado el nivel de alerta en gobiernos y corporaciones.

A esto se suma que TSMC debe atender una creciente avalancha de pedidos de compañías de IA como Nvidia o AMD, lo que limita el margen de maniobra para Apple a la hora de negociar capacidad adicional o prioridad en el suministro.

En foros públicos, el consejero delegado de Apple, Tim Cook, ha reconocido que la compañía ha sufrido restricciones de suministro en determinados productos, especialmente en iPhone y Mac, ligadas a la escasez de componentes avanzados. El acuerdo con Intel se interpreta como un intento de ganar margen de seguridad a medio y largo plazo.

Producir parte de los chips en Estados Unidos no solo acercaría físicamente una parte de la fabricación al mercado norteamericano, sino que también alinearía los intereses de Apple con las prioridades industriales de Washington, algo que puede ser útil en un contexto de regulación más estricta sobre las grandes tecnológicas.

El papel de Intel: de rival en los Mac a socio estratégico en los chips

La relación entre Apple e Intel ha vivido varias fases. Durante años, los ordenadores Mac montaron procesadores Intel basados en arquitectura x86, hasta que en 2020 Apple inició la transición a sus propios chips diseñados internamente y fabricados por TSMC bajo la marca Apple Silicon.

Ese cambio supuso en la práctica la salida de Intel de los Mac, pero sentó las bases para una nueva etapa en la que la compañía de Santa Clara ha ido reorientando su negocio hacia la fundición para terceros, en lugar de limitarse a producir chips que ella misma diseña para sus propias líneas de producto.

Bajo la dirección de su actual cúpula directiva, Intel está invirtiendo fuertemente en nuevas plantas y procesos de fabricación de nodos avanzados en Estados Unidos y Europa. Estas inversiones se apoyan, en parte, en ayudas públicas como las del CHIPS Act estadounidense y el European Chips Act en la Unión Europea.

La compañía busca recuperar el terreno perdido frente a rivales asiáticos demostrando que puede producir a gran escala chips de última generación para clientes tan exigentes como Apple. Un acuerdo de este calibre les serviría como credencial de primer nivel en el mercado global de fundición.

El eventual contrato con Apple se sumaría a otras alianzas que Intel ha ido tejiendo con grandes nombres del sector tecnológico, con el objetivo de llenar la capacidad de las fábricas que está construyendo y aprovechar la ola de demanda vinculada a la inteligencia artificial y la computación en la nube.

Implicaciones para Europa y España en la nueva geografía de los chips

Aunque el acuerdo se articula en torno a la producción en Estados Unidos, el movimiento tiene lectura clara para Europa y, por extensión, para España, en plena carrera por ganar peso en la cadena de valor de los semiconductores.

La Unión Europea impulsa desde hace meses su propio marco de ayudas a la industria de los chips con el European Chips Act, con el objetivo de duplicar su cuota de producción mundial y atraer grandes inversiones en fábricas avanzadas. Intel forma parte de ese tablero con proyectos en países como Alemania o Irlanda.

Si la estrategia de Intel de convertirse en un gran fabricante por contrato se consolida gracias a clientes como Apple, es razonable pensar que parte de esa capacidad también se apoyará en plantas situadas en Europa, lo que abriría opciones adicionales para el mercado europeo.

Para España, que aspira a captar inversiones relacionadas con el diseño, el empaquetado avanzado y la electrónica de alto valor añadido, la reconfiguración global de la cadena de suministro de chips supone una oportunidad y a la vez un reto. La disponibilidad de producción en suelo comunitario podría facilitar proyectos industriales vinculados a automoción, telecomunicaciones o dispositivos IoT.

Al mismo tiempo, la decisión de Apple de diversificar fuera de Taiwán envía un mensaje claro a todo el ecosistema: depender de un único proveedor o de una sola región es cada vez más arriesgado. Esta lógica de diversificación de riesgos es extensible a las empresas europeas, incluidas las españolas, que se apoyan en semiconductores para sus productos y servicios.

En el fondo, el acuerdo preliminar entre Apple e Intel actúa como un síntoma de un cambio estructural: los grandes actores tecnológicos y los gobiernos están redibujando el mapa de dónde se diseñan y fabrican los componentes críticos de la economía digital, con efectos que terminarán notándose también a este lado del Atlántico.

Lo que se sabe hasta ahora dibuja un escenario en el que Apple gana margen frente a los riesgos geopolíticos, Intel obtiene un impulso decisivo para su apuesta como fundición y Washington refrenda su estrategia de recuperar músculo industrial en semiconductores; mientras, Europa observa con interés estos movimientos, consciente de que la nueva distribución global de la fabricación de chips marcará buena parte de la competitividad tecnológica de Estados Unidos, la UE y socios como España en los próximos años.

Apple explora fabricar sus chips con Intel y Samsung
Artículo relacionado:
Apple explora fabricar sus chips con Intel y Samsung para reducir su dependencia de TSMC

Síguenos en Google News