Claude adelanta a ChatGPT en descargas en iPhone y gana terreno en Europa

  • Claude supera a ChatGPT en descargas diarias en iPhone y otros móviles, impulsado por la curiosidad y recientes polémicas.
  • El asistente de Anthropic crece con fuerza en Europa, con liderazgo en países como Alemania, Bélgica o Suiza.
  • El debate ético y el acuerdo de OpenAI con el Pentágono han acelerado campañas como #QuitGPT y la migración hacia Claude.
  • Precio, funciones profesionales y enfoque en seguridad explican por qué muchos usuarios y empresas dan una oportunidad a Claude.

Aplicaciones de IA Claude y ChatGPT en iPhone

En las últimas semanas, muchos usuarios que abren la tienda de aplicaciones en su móvil se encuentran con que Claude se ha colado entre las apps de inteligencia artificial más descargadas, tanto en la App Store de Apple como, en menor medida, en Google Play. En algunos mercados, incluida buena parte de Europa, el asistente de Anthropic aparece incluso por delante de ChatGPT en nuevas instalaciones.

Este cambio de tendencia ha disparado las dudas: ¿Claude ha destronado realmente a ChatGPT?, ¿significa que es mejor o que la gente está abandonando en masa el modelo de OpenAI? La respuesta es algo más matizada: las cifras de descarga hablan de un boom de interés y de una migración visible, pero no implican automáticamente que todo el mundo se haya cambiado de asistente o que uno sea objetivamente superior al otro.

Claude sube al primer puesto en descargas y aprieta a ChatGPT

Lo que sí confirman los datos de firmas como Appfigures o Sensor Tower es que Claude ha logrado superar a ChatGPT en descargas diarias de la app móvil en distintos momentos de este año, especialmente en iPhone. En jornadas concretas, el asistente de Anthropic ha llegado a rondar las 149.000 nuevas instalaciones al día, por encima de las aproximadamente 124.000 descargas diarias de ChatGPT en el mismo periodo.

Este sorpasso no se ha quedado en un pico aislado: Claude ha escalado hasta el primer puesto entre las apps gratuitas de la App Store en Estados Unidos y ha ganado visibilidad en otros mercados relevantes. Se trata de la primera vez que un competidor directo consigue desbancar con claridad a la app de OpenAI de lo más alto del ranking de descargas desde su lanzamiento a finales de 2022.

Conviene tener en cuenta que las descargas miden nuevas instalaciones, no cuántas personas usan la app todos los días. Aun así, las cifras de uso también empiezan a reflejar el empuje de Claude: su ecosistema suma ya cerca de 18,9 millones de usuarios activos mensuales en la web y alrededor de 2,9 millones de usuarios activos mensuales en la app móvil, tras un crecimiento que se sitúa en torno al 60 % desde enero.

En tráfico web, la tendencia es similar: las visitas al servicio de Claude habrían aumentado alrededor de un 43 % en febrero, mientras que el sitio de ChatGPT habría registrado una caída cercana al 6,5 % en ese mismo periodo. Todo apunta a que una parte de la base de usuarios de ChatGPT está probando Claude y, en muchos casos, optando por mantenerlo como asistente principal.

Para muchos usuarios menos metidos en el mundo tech, lo que se ve es algo más sencillo: al buscar un “chat de IA” en la tienda de apps, la primera opción que aparece ahora suele ser Claude. Y esa simple posición en el escaparate basta para que mucha gente pulse en “instalar” sin pensárselo demasiado.

Un fenómeno global con especial impacto en Europa

Claude supera a ChatGPT en descargas en iPhone

El cambio de equilibrio no se limita a Estados Unidos. Según datos citados por distintas consultoras del sector, Claude se ha convertido en la app de IA más descargada en varios países fuera de EE. UU.. Entre ellos figuran mercados europeos como Bélgica, Alemania, Luxemburgo, Noruega y Suiza, además de Canadá y otros territorios donde las aplicaciones de IA se han popularizado con rapidez.

En Europa, este tirón llega en un momento en el que la regulación sobre inteligencia artificial se está endureciendo y el debate ético gana peso. La Unión Europea avanza en normas que ponen el foco en la transparencia, la protección de datos y las limitaciones a determinados usos de la IA, sobre todo en vigilancia y contextos de alta sensibilidad.

En ese contexto, la imagen de Anthropic como empresa más restrictiva con ciertos usos militares o de vigilancia ha calado entre parte del público europeo. Mientras OpenAI se ha vinculado a proyectos con el Departamento de Defensa de EE. UU., la firma de Claude se ha mostrado más reticente a flexibilizar sus políticas para usos sensibles, algo que muchos usuarios perciben como una garantía adicional.

En países como Alemania, Bélgica o Suiza, donde la opinión pública suele ser especialmente cuidadosa con la privacidad y los derechos fundamentales, no resulta extraño que Claude haya conseguido colocarse como la app de IA líder en descargas. Esa presencia en los primeros puestos puede ayudar a consolidar una base de usuarios fieles a medio plazo.

En España, aunque ChatGPT sigue siendo el nombre que casi todo el mundo reconoce, se empieza a notar un aumento del interés por Claude. Las búsquedas relacionadas con la herramienta, las menciones en redes y las descargas en la App Store han subido, lo que indica que muchos usuarios quieren, como mínimo, tener ambas aplicaciones instaladas y comparar resultados antes de decidir con cuál se quedan.

La polémica con el Pentágono y el “efecto llamada” hacia Claude

El auge de Claude no se explica solo por sus características técnicas o por la llamada “curiosidad de la novedad”. El acuerdo entre OpenAI y el Departamento de Defensa de EE. UU. para emplear modelos como ChatGPT en distintos proyectos militares y gubernamentales ha tenido un impacto directo en la percepción pública, sobre todo entre quienes se interesan por el lado ético de la IA.

Anthropic también había estado en conversaciones con el Pentágono, pero finalmente rechazó flexibilizar sus políticas para permitir usos en sistemas de vigilancia masiva o armas autónomas. Esa negativa, según distintas fuentes, fue uno de los motivos por los que OpenAI terminó firmando el pacto y sustituyendo modelos como Claude en algunos proyectos oficiales.

La reacción de parte de la comunidad no tardó en llegar. Datos atribuidos a Sensor Tower señalan que, tras hacerse pública la colaboración con el Departamento de Defensa, las desinstalaciones de la app de ChatGPT en Estados Unidos llegaron a multiplicarse en torno a un 295 % en un solo día respecto a la media habitual. A la vez, las reseñas negativas aumentaron de forma muy notable: las valoraciones de una estrella crecieron varios cientos por ciento, mientras que las puntuaciones máximas se redujeron.

Ese malestar se tradujo en un aumento de descargas de alternativas, con Claude como principal beneficiado. Para muchos usuarios, la discusión dejó de ser puramente técnica para convertirse en una especie de voto con el móvil: instalar una app u otra se interpretó como una forma de apoyar modelos de negocio y políticas de uso diferentes.

Algunos analistas han bautizado este fenómeno como una especie de “efecto Streisand aplicado a la IA”: al intentar desplazar a un proveedor de determinados contratos, se le acaba dando más visibilidad y atractivo a ojos del gran público, que lo descubre precisamente a raíz de la polémica.

#QuitGPT: campañas de boicot y cambio de asistente

En paralelo a ese debate, se popularizó en redes sociales el hashtag #QuitGPT. Bajo esa etiqueta, usuarios de distintos países comenzaron a compartir tutoriales para cancelar suscripciones a ChatGPT, borrar datos asociados a la cuenta y pasar a utilizar Claude u otros modelos considerados más alineados con sus valores.

Este tipo de campañas no siempre se traducen en cambios reales de comportamiento, pero en este caso los números sugieren que sí hubo efecto. Informes de Appfigures apuntan a que, en los días de máxima tensión, las descargas de Claude superaron por primera vez a las de ChatGPT en Estados Unidos y que la app de Anthropic escaló a las primeras posiciones en varios mercados, también europeos.

Para muchas personas, la decisión no fue solo probar un chatbot distinto “por curiosidad”, sino un gesto de protesta. El mensaje implícito era claro: si una compañía cruza determinadas líneas rojas en cuanto al uso de su tecnología, hay alternativas a un clic de distancia.

OpenAI intentó calmar las aguas. Su CEO, Sam Altman, defendió que el acuerdo con el Pentágono incluye límites explícitos para evitar usos en vigilancia masiva y que la empresa mantiene un compromiso con ciertos principios éticos. Sin embargo, la falta de detalles públicos sobre las restricciones concretas, especialmente en relación con sistemas de armas autónomas, hizo que muchos usuarios siguieran viendo la decisión con recelo.

Anthropic, por su lado, aprovechó para reforzar su discurso de “IA Constitucional”, un enfoque que combina políticas más detalladas sobre usos aceptables y mecanismos de seguridad pensados para reducir riesgos desde el diseño. Para una parte creciente del público, esa diferencia de enfoque fue suficiente para justificar dar una oportunidad a Claude, aunque solo fuera en paralelo a ChatGPT.

Precio, funciones y experiencia: por qué tanta gente prueba Claude

Más allá de la polémica, hay razones bastante prácticas que explican el tirón de Claude. Una de las más mencionadas por usuarios profesionales es el precio de las suscripciones de pago. En el segmento avanzado, los planes de ChatGPT pueden rondar los 200 dólares mensuales para ciertas modalidades orientadas a trabajo intensivo, mientras que Claude Pro se sitúa aproximadamente entre 17 y 20 dólares al mes.

Para autónomos, pymes y startups europeas, esa diferencia puede ser decisiva: marca la frontera entre integrar la IA en el día a día o limitarse a versiones gratuitas. En un contexto económico en el que muchas empresas vigilan cada gasto, una herramienta con buena relación calidad-precio tiene más opciones de imponerse.

En lo funcional, Claude destaca especialmente en la escritura de textos largos, el análisis de documentos y la programación. Su ventana de contexto ampliada permite trabajar con contratos complejos, informes técnicos o grandes bloques de código sin perder el hilo de la conversación. Eso resulta especialmente útil para abogados, consultores, equipos de ingeniería o estudiantes que manejan materiales extensos.

Por su parte, ChatGPT sigue sobresaliendo por su ecosistema de integraciones, plugins y herramientas adicionales. Muchos usuarios valoran esa versatilidad, sobre todo para tareas creativas, generación de contenidos variados o trabajo en plataformas donde ChatGPT ya está integrado de serie.

Para el usuario medio que utiliza estas aplicaciones para resolver dudas, redactar textos, traducir o pedir explicaciones, la experiencia diaria con Claude o ChatGPT suele ser bastante similar. De ahí que algunos expertos sugieran que la pregunta ya no es tanto “cuál es mejor”, sino “cuál se ajusta mejor a lo que tú necesitas”.

En la práctica, mucha gente se ha quedado con una solución muy sencilla: tener instaladas ambas apps y usar una u otra según el tipo de tarea. El auge de Claude no significa necesariamente que ChatGPT se haya quedado atrás, pero sí que OpenAI ya no está solo ni puede dar por sentado el liderazgo en el móvil.

Cómo influye este cambio en empresas y administraciones europeas

El pulso entre Claude y ChatGPT tampoco pasa desapercibido en el ámbito corporativo e institucional. Empresas y organismos públicos europeos observan con atención cómo evoluciona el mercado, especialmente ahora que se discute hasta qué punto es adecuado que modelos comerciales de IA se integren en infraestructuras críticas o en servicios de la administración.

El acuerdo de OpenAI con el Departamento de Defensa de EE. UU. refuerza la imagen de ChatGPT como una tecnología con potencial uso estratégico, algo que genera inquietud en algunos sectores europeos más sensibles a la soberanía tecnológica y a la protección de datos. En cambio, la postura de Anthropic, más reacia a flexibilizar políticas en contextos militares de alto riesgo, ha sido bien recibida en determinados círculos.

Ante este panorama, no son pocas las organizaciones que optan por diversificar: utilizan ChatGPT para determinadas tareas (por ejemplo, soporte interno, creatividad o generación de borradores) y recurren a Claude para análisis exhaustivos de documentación o proyectos con requisitos éticos más exigentes. Esa estrategia de “no poner todos los huevos en la misma cesta” encaja con las recomendaciones de muchos especialistas en seguridad y gobernanza de datos.

Al mismo tiempo, el hecho de que Claude aparezca como primera opción en las tiendas de apps simplifica la adopción entre empleados y colaboradores. En lugar de desplegar soluciones complejas, muchas empresas se limitan a indicar a su personal qué app instalar en el móvil para consultas rápidas o tareas de apoyo, y en ese terreno la visibilidad en rankings de descargas marca la diferencia.

En países europeos donde las autoridades han mostrado mayor preocupación por la ética de la IA, el ascenso de Claude puede interpretarse como una oportunidad para presionar a todo el sector hacia estándares más estrictos. Cuanto más éxito tienen las aplicaciones que ponen el foco en la seguridad y en limitar usos sensibles, más argumentos tienen los reguladores para exigir compromisos similares al resto de actores.

Todo lo que está ocurriendo alrededor de Claude y ChatGPT evidencia que el liderazgo en inteligencia artificial generativa no está escrito en piedra. Las descargas en iPhone y otros móviles, las campañas como #QuitGPT, los acuerdos con gobiernos y las diferencias de precio y funciones han llevado a millones de usuarios, también en España y en el resto de Europa, a revisar qué asistente quieren llevar en el bolsillo. En este momento, Claude ha sabido aprovechar la combinación de curiosidad, preocupación ética y necesidades profesionales para situarse como una alternativa muy sólida a ChatGPT, obligando a todo el sector a reaccionar y a moverse con más cuidado y rapidez.

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