El histórico vídeo de la Tierra ocultándose tras la Luna grabado con un iPhone en Artemis II

  • Reid Wiseman grabó el fenómeno ‘earthset’ con un iPhone 17 Pro Max desde la nave Orión durante Artemis II.
  • El clip de 53 segundos muestra a la Tierra desapareciendo tras la Luna con zoom 8x y sin edición.
  • El iPhone fue clave porque las cámaras oficiales de la NASA no cabían por la estrecha ventana de la escotilla.
  • La misión Artemis II probó sistemas para futuras estancias largas en la Luna y dejó un archivo visual sin precedentes.

video de la tierra tras la luna grabado con un iphone en artemis ii

La misión Artemis II, primera travesía tripulada del nuevo programa lunar de la NASA, ha dejado uno de esos instantes que marcan un antes y un después en la forma de mirar al espacio. Entre todas las pruebas técnicas y datos científicos, uno de los recuerdos más potentes es un vídeo de la Tierra ocultándose tras la Luna, grabado nada menos que con un iPhone desde el interior de la nave Orión.

En apenas 53 segundos de metraje, el planeta se va encogiendo hasta desaparecer detrás del perfil grisáceo de la Luna, en lo que los astronautas llaman un ‘earthset’, el equivalente a una puesta de Sol, pero con la Tierra como protagonista y la Luna en primer plano. El comandante de la misión, Reid Wiseman, decidió sacar su móvil en el momento justo y el resultado se ha convertido en una de las imágenes más comentadas del regreso a la órbita lunar.

Un momento irrepetible captado desde la nave Orión

Artemis II llevó a cuatro astronautas —Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, de la Agencia Espacial Canadiense (CSA)— a realizar un sobrevuelo de la Luna que se prolongó cerca de diez días. A lo largo de ese trayecto, la cápsula Orión alcanzó la mayor distancia a la Tierra jamás registrada por una tripulación humana, superando ampliamente las misiones Apolo y acercándose a unos 6.500 kilómetros de la superficie lunar en su máxima aproximación.

Durante el viaje, la nave se adentró en la cara oculta del satélite, lo que supuso un apagón de comunicaciones de unos 40 minutos. Fue precisamente en ese contexto de órbita lejana, con vistas reservadas hasta ahora a muy pocos privilegiados, cuando se produjo la secuencia en la que la Tierra parece deslizarse y desaparecer tras el horizonte lunar. Wiseman estaba situado junto a la ventana de la escotilla de acoplamiento cuando decidió grabar.

El vídeo se capturó desde el interior de la cabina, a través de un pequeño hueco de observación. La escena muestra una Tierra cada vez más pequeña, recortada sobre la negrura del espacio y la silueta irregular de la Luna en primer plano. Todo ello, según ha explicado el propio comandante, se registró a una distancia máxima de más de 406.000 kilómetros de nuestro planeta, con la nave desplazándose por la órbita lunar.

Este breve clip se suma a un archivo visual mucho más amplio generado durante la misión. A bordo de Orión viajaban 32 dispositivos de captura: 15 cámaras integradas en la propia nave y 17 manejadas por la tripulación, entre ellas cámaras profesionales Nikon, varias GoPro y varios iPhone, que se usaron tanto para documentación científica como para registrar escenas de la vida a bordo.

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El iPhone que sí cabía donde no llegaban las cámaras de la NASA

El detalle curioso de esta historia es que Wiseman no recurrió al iPhone por capricho, sino por pura necesidad. Las cámaras oficiales de la NASA no podían colocarse en la ventana de la escotilla de acoplamiento porque el hueco era demasiado estrecho para el equipo habitual de a bordo. Sin embargo, el iPhone 17 Pro Max sí encajaba en ese espacio reducido.

El propio comandante lo relató en su perfil de X (antes Twitter): apenas podía ver la Luna con sus propios ojos desde esa ventana, pero el tamaño del teléfono resultó perfecto para situarlo justo en la abertura y capturar la escena completa. De ahí que la secuencia que ahora da la vuelta al mundo exista solo gracias a un dispositivo que, en esencia, no deja de ser un móvil comercial adaptado para el entorno espacial.

Estos terminales, eso sí, no eran iPhone convencionales tal y como cualquiera los compra en Europa o en España. Estaban modificados a nivel de software para no conectarse a internet ni usar Bluetooth y su función principal se limitaba a la captura de fotos y vídeos, tanto desde las ventanas de Orión como en el interior de la cápsula. Un enfoque muy controlado que ha servido, además, como banco de pruebas para certificar hardware comercial en un entorno tan exigente como el espacio profundo.

El proceso para aprobar un dispositivo de este tipo no es trivial: según expertos en tecnología espacial, la certificación se articula en varias fases que incluyen la evaluación de seguridad, identificación de riesgos, diseño de medidas de mitigación y pruebas reales. Con Artemis II, Apple ha logrado que uno de sus teléfonos supere todas estas etapas para uso prolongado en órbita y más allá.

Un ‘earthset’ sin edición y con zoom 8x comparable al ojo humano

El vídeo difundido por Wiseman dura 53 segundos y está grabado con el zoom 8x del iPhone 17 Pro Max, esa ampliación que muchos usuarios conocen de sobra por usarla para hacer fotos de la Luna desde la ventana de casa o para acercar detalles en un concierto. En este caso, ese mismo nivel de zoom se aplicó a más de 400.000 kilómetros de distancia de la Tierra.

En su mensaje en redes, el comandante insistió en que el clip está “sin recortar, sin editar, con un zoom de 8x, bastante comparable a lo que percibe el ojo humano”. Es decir, que lo que se ve en pantalla se aproxima mucho a la sensación real desde la ventanilla: una esfera azul cada vez más diminuta que acaba escondiéndose por completo tras la superficie gris de la Luna.

Wiseman describió el momento con una comparación muy terrenal: dijo que era “como ver el atardecer en la playa desde el asiento más extranjero del cosmos”. Ante una experiencia así, reconoció que no pudo resistirse a grabar un vídeo con el móvil para compartirlo más tarde. Esa mezcla de lenguaje cotidiano y escenario extraordinario ha contribuido a que el clip se viralice rápidamente.

En el audio original se aprecia la reacción espontánea del propio astronauta mientras observa cómo la Tierra se va ocultando. No hay música ni locución posterior; solo la respiración contenida, algún comentario breve y el sonido mecánico del obturador de la Nikon con la que Christina Koch capturaba fotos en ráfagas a través de otro ventanal de la nave.

Al publicar el vídeo, Wiseman subrayó que se trataba de “solo una oportunidad en esta vida” y cerró su mensaje con una invitación tan sencilla como directa a quienes le siguen desde la Tierra: “Disfruten”. Para la tripulación, fue uno de los instantes más impactantes de toda la misión; para el público, una ventana inédita a cómo se ve nuestro propio planeta desde tan lejos.

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La tripulación al completo y el archivo visual de Artemis II

Aunque el protagonismo mediático se lo haya llevado el iPhone, el earthset fue un trabajo de equipo dentro de la cápsula Orión. Mientras Wiseman sujetaba el teléfono en la pequeña ventana de la escotilla de acoplamiento, Christina Koch disparaba sin parar con una cámara Nikon equipada con un objetivo de 400 mm, capturando la misma escena en imágenes fijas de alta resolución.

En otra posición de la nave, Victor Glover observaba el fenómeno desde la ventana 3, con Jeremy Hansen a su lado. Toda la tripulación estaba repartida por la cabina, compaginando el momento casi íntimo de contemplar la Tierra desaparecer con tareas de documentación científica y verificación de sistemas propias de una misión de prueba de cara a las próximas etapas del programa Artemis.

A lo largo de los casi diez días de viaje, los cuatro astronautas generaron un archivo visual enorme: fotografías de alta calidad, vídeos tanto científicos como más cotidianos y grabaciones específicas de eventos clave, como el sobrevuelo de la cara oculta de la Luna o el paso por determinadas regiones de interés geológico. Muchas de estas imágenes recogen detalles de la superficie lunar imposibles de observar desde nuestro planeta, e incluso escenas de eclipses vistos desde el espacio profundo.

Artemis II no solo ha devuelto a seres humanos a las inmediaciones de la Luna por primera vez desde 1972; también ha demostrado el valor de combinar equipos profesionales de última generación con herramientas tecnológicas más accesibles, como un teléfono móvil avanzado. El resultado son contenidos que, además de su interés científico, conectan de forma más directa con la ciudadanía, especialmente en países como España o el resto de Europa, donde la exploración espacial se sigue cada vez con mayor atención.

Ese enfoque más cercano se nota en el tono de los propios tripulantes al regresar a la Tierra. En una comparecencia desde el Centro Espacial Johnson, en Houston, destacaron que les había sorprendido la enorme respuesta global a la misión y el sentimiento de orgullo compartido. “Queríamos intentar hacer algo que uniera al mundo”, señaló Wiseman, reflejando una ambición que va más allá de la mera demostración tecnológica.

Artemis II como puente hacia las próximas misiones lunares

Más allá de las imágenes espectaculares, Artemis II tenía objetivos muy claros: probar los sistemas de la nave Orión y del cohete SLS en un escenario real de espacio profundo, validar procedimientos de vuelo con tripulación y preparar el camino para las siguientes misiones del programa. En los planes de la NASA está alunizar en varias ocasiones a lo largo de la próxima década y avanzar en la construcción de una presencia estable en la Luna.

Uno de los puntos de atención era el escudo térmico de la cápsula, que ya en Artemis I sufrió daños por encima de lo previsto al reentrar en la atmósfera. Según han explicado los astronautas, los ingenieros identificaron las causas del problema y aplicaron mejoras, lo que en Artemis II se tradujo en un amerizaje mucho más controlado y sin incidencias graves. El propio Wiseman describió el regreso como “un viaje muy suave”.

En paralelo, la agencia estadounidense continúa ajustando los protocolos para misiones mucho más largas, de 30 o 45 días, como las previstas para Artemis III, IV y V. La experiencia acumulada en esta segunda misión resulta clave para afinar cómo se apoyará a las tripulaciones en estancias prolongadas en la Luna, tanto desde el punto de vista técnico como operativo.

En Europa, la atención a estas misiones no es solo simbólica. La Agencia Espacial Europea (ESA) colabora estrechamente con la NASA en el programa Artemis, y la aportación tecnológica europea a Orión, especialmente en el módulo de servicio, convierte cada vuelo en un escaparate del trabajo conjunto entre ambas orillas del Atlántico. Para el público europeo, ver a aliados como Canadá participar con astronautas propios refuerza esa idea de esfuerzo internacional compartido.

Mientras todo esto avanza, el vídeo de la Tierra escondiéndose tras la Luna sigue circulando en redes sociales, informativos y plataformas digitales. Es una pieza pequeña, grabada con un teléfono que en otros contextos se utiliza para chatear o hacer fotos en vacaciones, pero que en esta ocasión se ha convertido en el testigo improvisado de uno de los momentos más poéticos de la exploración espacial reciente. Una combinación de rutina tecnológica y escenario extraordinario que resume bien hacia dónde se dirige la nueva era lunar.

Con Artemis II ya completada y la tripulación de regreso en casa, queda un legado visual sin precedentes y la certeza de que la próxima vez que la humanidad vuelva a la superficie de la Luna lo hará con más experiencia, más datos y también con una nueva forma de contar lo que ocurre allá arriba, en la que un simple móvil puede ser tan decisivo como la cámara más sofisticada. Ese breve ‘earthset’ grabado con un iPhone desde Orión es la prueba de que, a veces, la historia se captura desde el único dispositivo que cabe en una pequeña ventana, en medio del silencio del espacio.

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