Parece que el cinturón va a tener que apretarse un poco más para los seguidores de la manzana. Tras meses de rumores y filtraciones sobre lo que nos deparará la próxima generación de teléfonos de Cupertino, ha sido el propio Tim Cook quien ha soltado la bomba. En una charla reciente, el mandamás de la firma ha dejado claro que los costes de fabricación se han disparado de tal manera que ya no pueden seguir absorbiendo el golpe sin tocar las etiquetas de las tiendas.
La culpa de este entuerto no la tiene otro que el fenómeno del momento: la inteligencia artificial. No es solo que el iPhone 18 necesite más potencia para mover las nuevas funciones de Siri, sino que las empresas de todo el mundo están acaparando los chips de memoria para sus centros de datos, dejando el mercado de consumo bajo mínimos. Esta situación ha provocado que Apple, que siempre ha presumido de una cadena de suministro de hierro, tenga que reconocer que el escenario actual es, sencillamente, inasumible si quieren mantener sus cuentas saneadas.
La tormenta perfecta de los componentes
La raíz del problema se encuentra en dos siglas que van a dar mucho que hablar: DRAM y NAND. Estas memorias son esenciales para que cualquier smartphone funcione con fluidez y guarde nuestras fotos, pero su precio se ha cuadruplicado en apenas un año debido a la fiebre por la IA generativa. Gigantes como Microsoft o Google están pagando lo que haga falta por estos componentes para sus servidores, lo que ha generado un cuello de botella que tiene a los fabricantes de hardware contra las cuerdas.
Cook ha sido bastante honesto al comentar que, en sus más de cuarenta años de carrera, nunca había visto una fluctuación tan salvaje en las materias primas. Aunque Apple ha intentado proteger a los usuarios durante los últimos lanzamientos, la escasez de semiconductores especializados ha llegado a un punto crítico. No es una cuestión de querer ganar más, sino de que las piezas que van dentro del chasis del teléfono ahora cuestan un riñón comparado con lo que pagaban hace solo doce meses.
¿Qué precios podemos esperar en España?
Si aterrizamos estas cifras a nuestro territorio, la cosa se pone seria. Según los análisis de expertos del sector, el peaje por incluir estas nuevas tecnologías y compensar el encarecimiento de los chips podría rondar los 200 o 250 euros adicionales por terminal. Si tenemos en cuenta que el iPhone 17 Pro ya tenía un precio de salida considerable, ver un iPhone 18 Pro superando holgadamente los 1.500 euros en los escaparates españoles es una posibilidad que ya casi nadie se atreve a negar.
En el caso del modelo más ambicioso, el Pro Max, los cálculos más pesimistas indican que podría rozar la barrera de los 2.000 euros en sus versiones de mayor capacidad. Es un salto que duele, sobre todo cuando veníamos de una época en la que los precios parecían haberse estabilizado un poco en Europa. La estrategia de la compañía podría pasar por lanzar alguna versión algo más recortada para ahorrar costes para no perder al público que no quiere gastarse un sueldo entero en un móvil, aunque está por ver cómo encaja eso en su catálogo premium.
Un horizonte que no se despeja hasta 2028
Para aquellos que piensen que esto es un bache temporal de unos pocos meses, las noticias no son precisamente alentadoras. Agencias de calificación y consultoras tecnológicas advierten que la presión inflacionista sobre los chips se va a mantener constante, como mínimo, hasta el año 2028. La demanda de inteligencia artificial no es una moda pasajera, y las fábricas de silicio tardan años en ampliar su capacidad para dar servicio a todo el mundo.
A pesar de que Apple tiene músculo financiero de sobra y miles de millones en la caja, han decidido no construir sus propias plantas de memorias, prefiriendo centrarse en lo que mejor saben hacer. Esto les obliga a competir en el mercado abierto con el resto de marcas, con la diferencia de que el iPhone ahora necesita mucha más RAM para que la nueva Siri no se quede colgada. Es el precio que hay que pagar por tener un asistente inteligente de verdad en el bolsillo, aunque a más de uno le va a entrar el sudor frío cuando vea el ticket de compra.
Toda esta situación nos deja un panorama donde la tecnología punta se vuelve cada vez más exclusiva. La confirmación oficial de que las subidas son inevitables marca un antes y un después en la estrategia de Apple, que se prepara para una transición de liderazgo con John Ternus a la vuelta de la esquina. Al final, entre el incremento del coste de fabricación y la necesidad de hardware puntero para la IA, el usuario final es quien acabará pagando los platos rotos de una crisis de componentes que parece no tener fin a corto plazo.
