Apple ha confirmado que John Giannandrea se marcha de la primera línea de mando tras más de seis años como responsable máximo de su estrategia de inteligencia artificial y aprendizaje automático. El directivo deja inmediatamente su puesto como vicepresidente sénior de Machine Learning and AI Strategy, pero se quedará en la compañía como asesor hasta su jubilación, prevista para la primavera de 2026.
Este movimiento no es un simple relevo interno: marca el final de una etapa que arrancó con grandes ambiciones para Siri y Apple Intelligence y que ha acabado protagonizada por retrasos, fricciones internas y la necesidad de apoyarse en tecnología externa para no quedarse atrás en la carrera de la IA.
De fichaje estrella desde Google a una salida ordenada
Giannandrea aterrizó en Cupertino en 2018 procedente de Google, donde había liderado la Búsqueda y la IA, en lo que se consideró uno de los grandes fichajes de Apple en la última década. Su misión era clara: recomponer una estrategia de inteligencia artificial fragmentada, elevar el nivel de Siri y colocar a la compañía en una posición competitiva frente a Alexa, Google Assistant y, más tarde, la oleada de modelos generativos.
En cuestión de meses fue nombrado vicepresidente sénior y pasó a reportar directamente a Tim Cook. Bajo su paraguas se unificaron los equipos de Core ML, Siri, los Apple Foundation Models, la búsqueda interna y la investigación en aprendizaje automático, que hasta entonces dependían de figuras como Eddy Cue y Craig Federighi de forma más dispersa.
Entre sus logros técnicos se encuentra la integración masiva de redes neuronales en el hardware de Apple, incluida la evolución del Neural Engine presente en los chips de la compañía, pieza clave para ejecutar tareas de IA en el propio dispositivo con un fuerte énfasis en la privacidad.
Sin embargo, su mandato coincidió con la explosión de los modelos de lenguaje de gran tamaño y de la IA generativa. Apple reaccionó con más cautela que sus rivales, priorizando la privacidad y la ejecución local frente a la rapidez en sacar funciones llamativas, un enfoque que internamente no todos compartían.
Apple Intelligence y la nueva Siri: la promesa que se retrasó
Apple Intelligence se presentó en la WWDC 2024 como la gran renovación de la experiencia de usuario en los iPhone, iPad y Mac, con una Siri profundamente revisada y funciones personalizadas que debían entender el contexto del usuario y ejecutar acciones complejas dentro de las apps.
Los problemas comenzaron cuando se supo que la demostración pública no reflejaba el estado real del desarrollo. Informaciones internas apuntaron a que muchas de las capacidades mostradas no estaban listas en el momento de la presentación, y que varias de ellas ni siquiera se habían implementado de forma estable en los sistemas de prueba.
La situación se tensó aún más en marzo de 2025, cuando Apple reconoció que la nueva Siri personalizada no llegaría a tiempo y aplazó su lanzamiento hasta la primavera de 2026. Desde dentro, algunos responsables admitieron que el asistente funcionaba bien en demos limitadas, pero era incapaz de sostener ese rendimiento a gran escala para cientos de millones de dispositivos.
Estos retrasos, sumados a la percepción de que Apple estaba llegando tarde a la IA generativa frente a OpenAI o Google, minaron la confianza de Tim Cook en el proyecto liderado por Giannandrea. Según diversas fuentes, el propio ejecutivo reconoció internamente que los plazos “se habían puesto feos”.
En paralelo, la moral del equipo de IA/ML cayó en picado. Comenzó una fuga de talento hacia compañías como Meta y nuevas startups, y algunos ingenieros llegaron a referirse despectivamente al grupo como “AIMLess”, jugando con las siglas de AI/ML para subrayar la sensación de falta de rumbo claro.
Choque de visiones y reordenación del poder en Cupertino
Tras meses de fricción, el choque entre la filosofía de Giannandrea —más prudente y centrada en la privacidad— y la de Craig Federighi —más orientada a resultados visibles para el usuario— se hizo insostenible. El punto de inflexión llegó con una reorganización interna en marzo de 2025.
En ese momento, Apple decidió apartarle del día a día del desarrollo de Siri y otorgar el control operativo a Mike Rockwell, hasta entonces responsable de Vision Pro. Esa maniobra dejaba entrever que la confianza en el liderazgo de Giannandrea se había debilitado.
A partir de ahí, varias de sus funciones estratégicas fueron redistribuyéndose. La supervisión de los proyectos de robótica doméstica, por ejemplo, acabó en manos de John Ternus, mientras otras responsabilidades se desplazaban progresivamente hacia diferentes ejecutivos.
El anuncio de su salida formal como vicepresidente sénior y su paso al rol de asesor supone, en la práctica, la culminación de un proceso de pérdida de influencia que llevaba meses gestándose. Apple encuadra el movimiento como una jubilación ordenada tras más de siete años en la compañía.
En paralelo, el consejo de administración ha ido aumentando el peso de Federighi en la hoja de ruta de IA de la empresa, en un contexto en el que su nombre suena cada vez con más fuerza en las quinielas de sucesión de Tim Cook, especialmente de cara al medio plazo.
La llegada de Amar Subramanya: ADN de Gemini para impulsar Apple Intelligence
El relevo de Giannandrea llega acompañado de un fichaje de alto perfil: Amar Subramanya se incorpora como nuevo vicepresidente de IA de Apple. Reportará directamente a Craig Federighi, lo que consolida al jefe de software como el gran coordinador de la estrategia de inteligencia artificial de la compañía.
Subramanya aporta un currículo muy particular. Antes de su breve paso por Microsoft como vicepresidente corporativo de IA, pasó 16 años en Google liderando la ingeniería del asistente Gemini y siendo una figura clave en el desarrollo de los modelos que llevan el mismo nombre, actualmente uno de los pilares de la IA generativa de la compañía.
Apple no oculta que valora especialmente esta experiencia. En su comunicado oficial, destaca que el nuevo vicepresidente de IA combina una sólida trayectoria en investigación con una fuerte orientación a producto, y subraya su capacidad para llevar avances científicos a funciones concretas integradas en servicios de consumo masivo.
El mandato de Subramanya será claro: acelerar el desarrollo y la implementación de Apple Intelligence, reforzar la base de modelos propios (los Apple Foundation Models) y garantizar que la nueva Siri llegue a tiempo y en condiciones competitivas en 2026, aun cuando para ello haya que apoyarse en tecnología de terceros.
En la práctica, Apple ha fichado al ingeniero que ayudó a construir el “cerebro” de Gemini en el mismo momento en que se prepara para usar una versión personalizada de ese modelo de Google para potenciar ciertas funciones de Siri. Un movimiento que, lejos de esconderse, se presenta como un atajo pragmático para no quedarse fuera de la batalla actual.
Así queda el nuevo mapa de la IA en Apple
La salida de Giannandrea implica algo más que un cambio de nombre en el organigrama. Apple ha decidido desmontar su gran división centralizada de IA para repartir sus piezas entre varios de sus ejecutivos más influyentes.
Por un lado, Amar Subramanya se coloca al frente de tres áreas consideradas críticas: los Apple Foundation Models, la investigación en aprendizaje automático y los equipos de Seguridad y Evaluación de IA (AI Safety and Evaluation). Su foco estará en los modelos y la infraestructura técnica sobre la que se construyen las futuras funciones inteligentes.
El resto de equipos que dependían de Giannandrea se redistribuyen. Las unidades más cercanas a la operación y a la cadena de suministro pasarán a reportar a Sabih Khan, director de operaciones (COO), mientras que las áreas ligadas a servicios y negocio quedarán bajo la supervisión de Eddy Cue, vicepresidente sénior de Servicios.
De este modo, Apple busca integrar la IA mucho más pegada al producto y a las líneas de negocio, en lugar de mantenerla como una gran “torre” aislada. En la práctica, la inteligencia artificial se convierte en un tejido transversal que toca desde iOS y macOS hasta los servicios de suscripción, pasando por el hardware y la cadena de valor.
En la cúspide de esta nueva estructura aparece Craig Federighi, que amplía su radio de acción más allá del software tradicional para coordinar la siguiente generación de experiencias impulsadas por IA. Para la compañía, supone una apuesta por un modelo de liderazgo más distribuido pero con un centro de gravedad claro.
Un relevo con la vista puesta en 2026: la nueva Siri y el encaje de Europa
En el horizonte inmediato, todas las miradas se dirigen a la nueva Siri que Apple planea lanzar en la primavera de 2026, previsiblemente de la mano de una actualización mayor de iOS (que internamente se sitúa en torno a iOS 26.4). Será el gran examen público del trabajo conjunto de Federighi y Subramanya.
La compañía promete un asistente capaz de entender mejor el contexto personal del usuario, acceder a los datos relevantes del dispositivo y las apps y ejecutar cadenas de acciones complejas, todo ello manteniendo el énfasis en la privacidad que Apple ha defendido históricamente.
Al mismo tiempo, pesa la previsión de que parte de estas capacidades dependerán de una versión personalizada del modelo Gemini de Google, especialmente para las funciones más avanzadas de comprensión y generación de lenguaje natural. Ese equilibrio entre modelos propios y tecnología externa será especialmente delicado en mercados como la Unión Europea.
En Europa, la entrada en vigor de la Ley de Mercados Digitales (DMA) y la regulación emergente sobre IA obliga a Apple a justificar con mayor transparencia cómo procesa los datos, qué modelos utiliza y dónde se ejecutan las operaciones más sensibles. Cualquier integración profunda con servicios de terceros, como Gemini, deberá encajar en este marco regulatorio.
Además, la compañía ha tenido que gestionar recientemente retrasos y limitaciones regionales en el despliegue de Apple Intelligence, con funcionalidades que no han llegado al mismo tiempo a Estados Unidos y a la UE por dudas regulatorias. El nuevo liderazgo tendrá que asegurar que la próxima ola de funciones no solo llega a tiempo, sino también de forma homogénea a mercados clave como España y el resto de Europa.
Desgaste interno, fuga de talento y presión competitiva
La marcha de Giannandrea llega tras un periodo que muchos dentro de Apple describen como turbulento para los equipos de IA. A las tensiones organizativas se ha sumado un goteo constante de salidas hacia otras grandes tecnológicas y hacia startups especializadas en modelos fundacionales.
Buena parte de ese talento ha puesto rumbo a empresas como Meta o nuevas firmas vinculadas a exejecutivos de Apple, incluida la joven compañía de Jony Ive, antiguo responsable de diseño de la marca. Esta dinámica ha alimentado la sensación de que, durante unos años, la compañía perdió atractivo para los perfiles más punteros en inteligencia artificial.
En paralelo, el entorno competitivo no ha dado tregua. OpenAI, Google y otros rivales han marcado el ritmo de la IA generativa con lanzamientos continuos, mientras Apple lidiaba con funciones anunciadas pero no disponibles, y con una Siri que seguía siendo motivo de crítica en comparación con otros asistentes.
En este contexto, el relevo en la cúpula de IA y la apuesta por Subramanya se interpretan como un intento de resetear la narrativa y recuperar credibilidad, tanto de cara al talento interno como ante el mercado y los usuarios finales.
Tim Cook ha aprovechado el anuncio para agradecer a Giannandrea su papel en la construcción de la base tecnológica de la IA en Apple y, al mismo tiempo, para remarcar que la inteligencia artificial ha sido “central” en la estrategia de la compañía durante años. El mensaje busca transmitir continuidad pese a los cambios, pero también deja claro que comienza una fase distinta.
Con Giannandrea preparando su salida definitiva para 2026, Federighi ganando peso y Subramanya al mando de los modelos y la investigación, Apple afronta un par de años decisivos para demostrar que puede ponerse al día en IA sin renunciar a sus señas de identidad. Las próximas versiones de Apple Intelligence y, sobre todo, la nueva Siri serán la prueba de fuego para comprobar si este giro de timón llega a tiempo y si el ecosistema de la compañía está preparado para una era en la que la inteligencia artificial pesa cada vez más que el propio hardware.
