La NASA lleva un iPhone a la Luna en la misión Artemis II: así será el viaje y qué papel juega el móvil de Apple

  • Artemis II marca el regreso de misiones tripuladas a la órbita lunar más de cincuenta años después del programa Apolo.
  • Por primera vez, la NASA ha certificado y autorizado un iPhone para uso prolongado en una misión tripulada más allá de la órbita terrestre.
  • La cápsula Orion combina cámaras profesionales, sistemas ópticos de 8K y un iPhone 17 Pro Max para captar imágenes inéditas del viaje.
  • El objetivo es acercar la experiencia del espacio al gran público con contenido inmersivo y material personal grabado por los propios astronautas.

Misión Artemis II con iPhone

Más de medio siglo después del último paseo humano por la superficie lunar, la misión Artemis II se ha convertido en el gran paso previo al regreso definitivo a la Luna. En esta ocasión, el protagonismo no se lo lleva solo el cohete o la nave: dentro de la cápsula Orión viaja también un iPhone de última generación rumbo al entorno lunar, algo inédito en la historia de la NASA.

La agencia espacial estadounidense ha decidido permitir por primera vez que sus astronautas lleven teléfonos móviles personales plenamente certificados en una misión propia y tripulada más allá de la órbita terrestre. El resultado es una combinación muy llamativa: el viaje más largo que ha realizado un ser humano en décadas, a más de 400.000 kilómetros de casa, acompañado de un smartphone que cualquiera podría tener en el bolsillo.

Artemis II: un viaje histórico alrededor de la Luna

Artemis II es el siguiente gran peldaño tras las misiones Apolo, y servirá de ensayo general para que los astronautas vuelvan a pisar la Luna en Artemis III. La nave Orión, impulsada por el cohete SLS desde el Kennedy Space Center, realizará un viaje de unos diez días en el que la tripulación rodeará el satélite natural y regresará a la Tierra.

En ese trayecto, los astronautas cruzarán la magnetosfera terrestre, el escudo invisible que nos protege de buena parte de la radiación espacial y que ningún ser humano había abandonado desde las misiones Apolo. Cuando completen el sobrevuelo de la cara oculta de la Luna, habrán alcanzado la mayor distancia respecto a la Tierra que haya logrado jamás una tripulación.

La misión se inicia con un perfil bastante cuidadoso: las primeras 24 horas se dedican a órbitas alrededor de la Tierra, primero baja y luego alta, para verificar que todos los sistemas de la nave funcionan correctamente antes de encender la trayectoria traslunar.

Superada esa fase, Orión se encamina hacia la Luna en un viaje de unos cuatro días, tras los cuales la nave efectuará un sobrevuelo sobre la cara oculta del satélite a altitudes que oscilan entre aproximadamente 4.800 y 14.500 kilómetros. Después, la cápsula emprenderá el regreso a casa para un amerizaje en el océano Pacífico, frente a la costa de California.

La tripulación que lleva un iPhone a la órbita lunar

La protagonista humana de este viaje es una tripulación compuesta por Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen. Los cuatro comparten cabina en la nave Orión, que se ha convertido en su hogar durante el periplo en torno a la Luna.

En los vídeos que han empezado a circular en redes sociales se aprecia la convivencia cotidiana en microgravedad, con la tripulación intercambiándose objetos en pleno vuelo. Entre esos objetos, algo llama rápidamente la atención: un teléfono móvil flotando de mano en mano en el interior de la nave.

Ese dispositivo es un iPhone 17 Pro Max en color plata, autorizado de forma específica por la NASA para esta misión. No se trata de un instrumento científico oficial ni de un sistema de navegación; su función principal es la de cualquier smartphone moderno: hacer fotos, grabar vídeos y servir como recuerdo personal para los astronautas y sus familias.

La agencia ha señalado que la intención es permitir que la tripulación pueda captar momentos especiales y compartir imágenes y vídeos inspiradores con el mundo. Se abre así una ventana más cercana y menos formal al día a día del viaje, complementando el material procedente de las cámaras de a bordo.

De Nikon a Apple: el largo camino para certificar un móvil

Hasta ahora, la NASA había sido especialmente estricta con los dispositivos que podían viajar en sus misiones tripuladas. Durante años, Nikon fue la única marca con cámaras aprobadas para uso regular a bordo, fruto de un acuerdo de larga duración con la compañía japonesa.

Modelos como la Nikon Z9, una mirrorless de gama alta, habían sido los últimos en superar el exigente proceso de certificación. Todo lo que se quisiera llevar al interior de la nave tenía que pasar por una batería de pruebas para asegurar que las baterías no suponían riesgo de incendio, que los materiales no se fragmentaban peligrosamente en microgravedad y que el equipo no interfería con los sistemas de comunicaciones ni con la electrónica de a bordo.

Aplicar estos mismos criterios a un smartphone comercial que cambia de modelo cada año no es precisamente sencillo. No era imposible, pero la agencia tampoco tenía una gran urgencia por certificar móviles personales cuando el grueso de la documentación visual ya estaba cubierto con cámaras dedicadas.

El cambio ha llegado de la mano de Artemis II y del uso cotidiano que ya hacía SpaceX de teléfonos y tabletas en sus vuelos desde hace casi una década. La experiencia acumulada en esas misiones privadas ha servido de referencia para que la NASA se decidiera, al fin, a actualizar sus protocolos y permitir smartphones y otros dispositivos de consumo bajo un marco de seguridad muy definido.

Un iPhone totalmente certificado para volar más allá de la órbita

El administrador de la NASA anunció que la tripulación de Artemis II viajaría con móviles de última generación precisamente para reforzar ese lado humano y cercano de la misión. Poco después, Apple confirmó que este vuelo sería la primera ocasión en la que un iPhone queda plenamente certificado para un uso prolongado en órbita y más allá.

Los teléfonos viajan configurados en modo avión, sin acceso a redes móviles convencionales. En lugar de ello, se conectan a la red interna de la nave Orión, que es la encargada de reenviar los datos (fotos, vídeos y otros archivos) hacia la Tierra mediante los sistemas de comunicaciones de la propia nave. Para quienes se lo pregunten, no hay cobertura 5G camino de la Luna.

Como parte del proceso de calificación, cada iPhone pasa por controles específicos para asegurar que no produce interferencias con la instrumentación crítica, que su batería no presenta riesgo de sobrecalentamiento en un entorno tan delicado y que el dispositivo puede utilizarse con seguridad en condiciones de microgravedad.

Desde la NASA se insiste en que no existe un acuerdo comercial ni una campaña de marketing conjunta con Apple detrás de esta decisión. El hecho de que se trate de un iPhone responde, en buena medida, a que se trata del teléfono dominante en Estados Unidos y a que la misión es fundamentalmente estadounidense. El modelo elegido, el iPhone 17 Pro Max, es simplemente el más reciente y avanzado dentro de esa familia.

Un arsenal de cámaras en la nave Orión

El iPhone viaja acompañado de un sistema de captura de imagen mucho más ambicioso integrado en la propia nave. La cápsula Orión cuenta con 24 cámaras distribuidas tanto en el interior como en el exterior, diseñadas para resistir condiciones de radiación intensa y cambios térmicos extremos de hasta varios cientos de grados.

La idea es que ninguna fase del vuelo quede sin documentar: desde el despegue, la inserción en órbita y el encendido traslunar, hasta el sobrevuelo de la Luna y el reingreso atmosférico antes del amerizaje. Todo ello se registra con un nivel de detalle muy superior al de las misiones Apolo, cuyos vídeos llegaban con grano, cortes y retrasos.

El conjunto incluye cámaras instaladas en los paneles solares del Módulo de Servicio Europeo, capaces de rotar y capturar imágenes de la nave con la Tierra o la Luna de fondo, generando algunos de los «selfies» espaciales más espectaculares que se hayan tomado nunca.

A esto se suman los sensores de navegación estelar, cámaras de alta sensibilidad que rastrean estrellas para ayudar a determinar la posición exacta de la nave. Estos sistemas ópticos actúan como respaldo en caso de que fallen otros métodos de navegación más convencionales.

En el interior, las cámaras de cabina se encargan de capturar tanto la reacción de los astronautas como el estado de los paneles de control en alta definición, permitiendo que el centro de control en Houston vea prácticamente lo mismo que la tripulación sin necesidad de depender únicamente de telemetría numérica.

Comunicación por láser y vídeo en 8K

La infraestructura de imagen de Artemis II se completa con el sistema O2O (Optical Orion Laser Communications), que utiliza comunicaciones ópticas por láser en lugar de depender solo de las clásicas ondas de radio. Esto permite enviar a la Tierra grandes volúmenes de datos de vídeo y fotografía en resoluciones muy altas con menos retraso y mayor eficiencia.

Según la documentación técnica, las cámaras de Orión pueden alcanzar resoluciones de hasta 8K (7680 × 4320 píxeles), con la posibilidad de grabar a altas velocidades de fotogramas, por ejemplo 120 fps en 4K, algo especialmente útil para analizar en detalle eventos críticos como el despliegue de los paracaídas durante el retorno.

El almacenamiento a bordo se basa en unidades SSD resistentes a la radiación, diseñadas para sobrevivir a tormentas solares y otros fenómenos que podrían dañar medios de almacenamiento convencionales. Todo está pensado para que el material llegue íntegro a la Tierra tanto en tiempo real como en diferido.

Este despliegue de cámaras y sistemas ópticos convierte a Artemis II en algo más que un simple vuelo de prueba: se trata de una auténtica producción cinematográfica espacial, destinada a documentar con precisión científica y calidad casi documental cada fase del viaje.

Para el público general en España y en el resto de Europa, esto se traducirá en imágenes mucho más cercanas y nítidas de lo que nunca se vio en la época de Apolo, accesibles a través de las retransmisiones oficiales de la NASA y de los contenidos que irán publicando los propios astronautas.

El papel del iPhone frente a las cámaras profesionales

Dentro de ese ecosistema de cámaras especializadas, el iPhone ocupa un lugar más personal e informal. Mientras que las unidades de Orión tienen una misión clara de documentación técnica y científica, el smartphone funciona como extensión del día a día de la tripulación.

Las fotos y vídeos tomados desde el móvil no compiten con el material profesional de la nave, sino que aportan algo distinto: planos improvisados, escenas cotidianas y perspectivas que difícilmente se habrían conseguido con cámaras fijas. Son los propios astronautas quienes deciden qué captan y cómo lo hacen.

En un contexto en el que la NASA quiere reforzar su capacidad de contar historias y acercar las misiones espaciales al gran público, este tipo de contenido espontáneo es una pieza más de la estrategia. Se trata de mostrar no solo el cohete y los datos, sino también la dimensión humana del viaje.

Cuando la misión regrese, se espera que veamos fotografías y vídeos tomados con un iPhone a unos 400.000 kilómetros de la Tierra, algo que hasta hace poco habría sonado más a anécdota que a realidad. Esta mezcla de tecnología punta y dispositivos cotidianos refleja bien hasta qué punto la frontera entre la vida en tierra y la vida a bordo se va difuminando poco a poco.

Todo este movimiento encaja en una tendencia más amplia dentro de la NASA: la actualización de protocolos para integrar tablets, smartphones y otras herramientas habituales en la Tierra en el entorno espacial, siempre que pasen los filtros de seguridad correspondientes. Artemis II es, en ese sentido, el primer gran escaparate de esta nueva forma de trabajar.

Con Artemis II, la exploración lunar entra en una fase en la que las imágenes ya no serán algo lejano y granulado, sino una experiencia mucho más directa, con planos en 8K procedentes de la nave y escenas grabadas con un móvil que podrían confundirse con las de cualquier viaje en familia, si no fuera porque el fondo es la Luna. Para quienes sigan la misión desde España o el resto de Europa, la sensación será la de estar un poco más cerca del espacio, con la tecnología jugando a la vez el papel de instrumento científico y de compañero de viaje.

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