La NASA permitirá a los astronautas llevar iPhone a la Luna en las misiones Artemis II y Crew-12

  • La NASA autoriza por primera vez que astronautas lleven smartphones (incluidos iPhone) en las misiones Crew-12 y Artemis II.
  • Los móviles se usarán para capturar fotos y vídeos personales, no como equipos críticos de misión.
  • La decisión supone relajar procesos internos muy estrictos y certificar hardware comercial moderno para el espacio.
  • Artemis II será la primera misión lunar tripulada en más de 50 años y podría convertirse en la más documentada por sus protagonistas.

Astronautas de la NASA con iPhone rumbo a la Luna

La NASA ha dado luz verde a que los astronautas lleven smartphones, incluidos iPhone, a sus próximas misiones a la Luna y a la Estación Espacial Internacional. Lo que hasta ahora sonaba más a chiste de redes sociales que a política oficial se ha convertido en una decisión histórica que afectará directamente a Crew-12 y Artemis II, las misiones tripuladas clave del programa espacial estadounidense para los próximos meses.

Con este cambio, la agencia espacial estadounidense rompe una tradición de décadas en la que los dispositivos personales modernos estaban prácticamente vetados a bordo de las naves. A partir de ahora, los astronautas podrán usar móviles de última generación como cámara de bolsillo y herramienta personal para documentar su experiencia, siempre dentro de unos límites estrictos de seguridad y sin que formen parte de los sistemas críticos de misión.

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iPhone en misiones Artemis de la NASA

El encargado de destapar la noticia ha sido Jared Isaacman, administrador de la NASA, a través de una publicación en la red social X. En su mensaje, explicó que los astronautas de las misiones Crew-12 y Artemis II podrán volar con los smartphones más recientes, un giro de criterio que llevaba tiempo discutiéndose internamente, pero que nadie esperaba ver confirmado tan pronto.

Según Isaacman, la prioridad de esta medida es dar a las tripulaciones herramientas familiares para capturar momentos especiales para sus familias y compartir imágenes y vídeos inspiradores con el mundo. Es decir, la NASA asume que un móvil actual es, en la práctica, una cámara muy potente y siempre disponible, perfecta para registrar escenas espontáneas que muchas veces se pierden con los equipos fotográficos tradicionales a bordo.

El administrador subrayó, además, que no se trata de una simple concesión “simpática” a los astronautas, sino de un cambio de mentalidad más profundo dentro de la agencia. En sus palabras, la decisión es también un ejercicio deliberado de “desafiar procesos antiguos” y acelerar la certificación de hardware moderno para que pueda usarse de forma segura en órbita y en la futura presencia humana en la superficie lunar.

De momento, la NASA no ha concretado públicamente qué modelos exactos de iPhone u otros smartphones formarán parte de las misiones, ni si serán terminales personales de los astronautas o unidades preparadas específicamente para el vuelo. Todo apunta a que serán dispositivos seleccionados y probados de antemano, y no móviles que cada astronauta coja sin más de su bolsillo antes de subir a la nave.

Por qué ahora sí se permitirán iPhone y otros móviles en Artemis II

Durante décadas, los protocolos de la NASA fueron extremadamente estrictos con cualquier dispositivo electrónico no diseñado expresamente para el espacio. El riesgo de interferencias con los sistemas de la nave, los problemas potenciales de las baterías en vacío, la radiación y la necesidad de reducir cualquier posibilidad de fallo hacían que los móviles modernos quedaran fuera de juego incluso para uso personal.

Para aprobar un aparato, la agencia requiere pruebas exhaustivas de resistencia a radiación, vibraciones, vacío, temperaturas extremas y desgasificación de materiales. Muchos productos comerciales se quedaban por el camino simplemente porque el proceso de validación era demasiado lento o costoso en comparación con el beneficio que podían aportar a la misión. Por eso, en Artemis II, la cámara más moderna prevista inicialmente era una Nikon réflex de 2016, acompañada de cámaras de acción con cerca de una década a sus espaldas.

Con este nuevo enfoque, Isaacman indica que la NASA ha decidido acelerar y ajustar esos procesos, sin renunciar a la seguridad. La idea no es abrir la puerta a que cualquier gadget de consumo vuele sin control, sino identificar casos de uso no críticos en los que dispositivos como un smartphone pueden aportar valor sin poner en jaque la misión.

Otra pieza del puzzle son los planes de comunicaciones para el entorno lunar. La propia NASA, junto con socios como Nokia, lleva tiempo trabajando en redes 4G/LTE adaptadas a la Luna, concebidas principalmente para rovers y equipos científicos. Aunque los móviles de los astronautas no vayan a funcionar como si estuvieran conectados a una red terrestre, estos desarrollos muestran que la infraestructura de comunicaciones alrededor de la Luna está evolucionando y que, a medio plazo, no es descabellado pensar en cierto grado de conectividad móvil en futuras bases lunares.

En cualquier caso, la agencia ha dejado claro que los smartphones se usarán en modo desconectado durante las misiones: servirán para tomar fotos, grabar vídeo, anotar datos rápidos y utilizar aplicaciones que no requieran conexión, pero no para llamar por teléfono ni navegar por internet como lo haríamos en la Tierra.

Cómo se usarán los teléfonos en órbita y en la Luna

Una de las preguntas que más se ha repetido en redes sociales desde el anuncio tiene que ver con algo muy básico: ¿cómo va a manejar un astronauta un iPhone con un traje espacial presurizado y guantes gruesos? Los trajes actuales no están pensados para interactuar con pantallas táctiles al uso, así que disparar una foto con un simple toque de dedo no es tan sencillo como parece.

La NASA está explorando soluciones técnicas para que los móviles puedan activarse sin necesidad de pulsar físicamente la pantalla. Esto puede pasar por el uso de temporizadores, disparo por voz, gestos predefinidos o incluso integraciones con otros sistemas del traje o la mochila de soporte vital. Lo importante es que el astronauta pueda encuadrar y registrar el momento sin comprometer otras tareas o su propia seguridad.

Otro aspecto clave son las baterías de litio y su comportamiento en el espacio. En un entorno donde una fuga, un sobrecalentamiento o un fallo inesperado pueden tener consecuencias graves, la agencia ha sometido los dispositivos a ensayos específicos de seguridad para asegurarse de que no suponen un riesgo ni para la nave ni para la tripulación. Es uno de los puntos que más dudas genera entre el público y que la NASA está abordando con datos y certificaciones internas, aunque sin entrar en demasiado detalle técnico de cara a la prensa.

A pesar de estos desafíos, el atractivo de los teléfonos es evidente: un solo aparato reúne cámara de alta calidad, herramientas de anotación, reproducción de contenido, cronometraje y más, con una interfaz que los astronautas ya conocen de memoria. Esto reduce tiempos de formación y hace más natural su integración en el día a día de la misión, tanto en la Estación Espacial Internacional como en el viaje alrededor de la Luna.

En la práctica, la NASA busca que los móviles complementen a las cámaras profesionales, no que las sustituyan. Las imágenes científicas y las tareas de documentación oficial seguirán a cargo de los equipos designados, mientras que el smartphone quedará como una especie de cuaderno digital de bolsillo con el que capturar “la vida a bordo” desde una perspectiva más personal.

Artemis II y Crew-12: las primeras misiones en estrenar móviles personales

La nueva política se estrenará con dos misiones muy diferentes pero igualmente relevantes. Por un lado, Crew-12, una misión conjunta NASA-SpaceX destinada a llevar cuatro astronautas a la Estación Espacial Internacional para reforzar la tripulación tras una evacuación médica previa. Por otro, Artemis II, el gran ensayo general del regreso humano a la Luna.

Artemis II será la primera misión lunar tripulada de la NASA en más de medio siglo. La cápsula Orion, impulsada por el cohete Space Launch System (SLS), realizará un sobrevuelo de unos diez días alrededor del satélite sin alunizar, comprobando todos los sistemas de soporte vital y comunicación que harán falta más adelante para Artemis III y las misiones posteriores, ya sí con aterrizaje en la superficie.

La tripulación de Artemis II está formada por Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen. Glover se convertirá en el primer afroamericano en viajar a la vecindad lunar, mientras que Koch será la primera mujer en hacerlo, y Hansen volará como representante de la Agencia Espacial Canadiense. Todo indica que ellos serán los primeros humanos en llevar un smartphone de consumo tan lejos de la Tierra.

Desde Europa y España, la misión se sigue con especial interés, ya que varias empresas y centros tecnológicos europeos participan en sistemas clave de Orion y en elementos del programa Artemis. Aunque los móviles que volarán sean previsiblemente modelos muy populares en Estados Unidos, la apertura de la NASA a hardware comercial moderno lanza un mensaje claro también a la industria europea: hay margen para que soluciones desarrolladas aquí encuentren su sitio en futuras misiones, siempre que superen las exigentes pruebas de certificación.

Si todo va según lo planeado, Artemis II despegará tras el ajuste de calendario motivado por las fugas de combustible detectadas en pruebas anteriores del SLS. Esos retrasos técnicos han obligado a mover la misión, pero también han dado algo más de margen para terminar de validar los nuevos dispositivos que viajarán a bordo, incluidos los smartphones.

Un precedente: Apple y otros dispositivos personales en el espacio

Aunque esta es la primera vez que la NASA permite de forma clara un uso tan directo de smartphones en una misión lunar, no es la primera incursión de productos de consumo —y, en particular, de Apple— fuera de la Tierra. A lo largo de los años, varios dispositivos de la marca han acumulado su propia pequeña historia orbital.

En los años noventa, un portátil Macintosh voló en dos ocasiones a bordo del transbordador espacial. Su función principal era probar cómo se comportaban las interfaces gráficas y los dispositivos de entrada en microgravedad, en un momento en el que la NASA seguía trabajando con ordenadores manejados casi exclusivamente mediante teclado. De hecho, en 1991 se envió el primer correo electrónico desde el espacio gracias a un Macintosh y el software AppleLink durante la misión STS-43 del transbordador Atlantis.

Años más tarde, otros dispositivos de la compañía californiana siguieron el mismo camino. El icónico iPod apareció en manos de astronautas en la Estación Espacial Internacional, utilizado principalmente como reproductor musical en experimentos y ratos de descanso. Incluso se ha visto cómo algunos de ellos formaban parte de estudios médicos y cognitivos, integrados en protocolos más amplios.

En 2011, dos iPhone 4 volaron en la última misión del transbordador Atlantis. Aquellos teléfonos iban destinados a pruebas específicas y aplicaciones creadas para el entorno espacial, aunque nunca quedó del todo claro el grado de uso que les dio la tripulación. Más recientemente, iPad y Apple Watch se han dejado ver con frecuencia en la ISS

Además de los vuelos oficiales de la NASA, las misiones privadas han sido campo de pruebas para el uso más relajado de móviles y otros aparatos. En expediciones como Polaris Dawn o las misiones de Axiom Space a la Estación Espacial Internacional, los astronautas ya viajaban con smartphones sin las mismas restricciones que impone la agencia pública. Esa experiencia previa ha servido, en parte, de referencia para el paso que ahora da la NASA con Artemis II y Crew-12.

La humanización del espacio y el impacto en el público

Más allá de la parte técnica, la decisión de permitir que un astronauta saque el móvil para hacer una foto con la Tierra o la Luna de fondo tiene un componente simbólico evidente. La NASA reconoce que vivimos en una época en la que gran parte de la comunicación pasa por el lenguaje visual que todos manejamos a diario: fotos espontáneas, vídeos cortos, clips que se comparten casi en tiempo real.

La agencia confía en que el contenido generado por los propios astronautas con sus móviles acerque aún más las misiones al gran público. Frente a la imagen clásica, muy institucional y filtrada, estos nuevos materiales ofrecerán escenas más cotidianas: cómo es realmente la vida en el interior de la nave, qué se siente cuando ves el planeta por la ventana o cómo reacciona la tripulación ante un amanecer orbital.

Las redes sociales ya han empezado a bromear con la situación, imaginando a un astronauta pidiendo un cargador USB-C porque se lo ha dejado en el módulo o revisando notificaciones con el casco puesto. Más allá del humor, el punto de fondo es que el espacio se percibe cada vez menos como algo lejano y reservado a unos pocos “superhéroes”, y más como un entorno de trabajo —y de vida— en el que las personas mantienen costumbres y herramientas muy parecidas a las nuestras.

Para la propia NASA, esta cercanía no es un detalle menor. La agencia compite por atención en un ecosistema mediático saturado, y las imágenes y vídeos grabados desde un móvil pueden conectar con audiencias jóvenes que quizá no se interesarían por un informe técnico o una rueda de prensa. En Europa y España, donde el interés por el espacio convive con otras muchas prioridades informativas, ese tipo de contenido puede servir para mantener viva la conversación sobre el programa Artemis y las oportunidades científicas e industriales que abre.

Al final, lo que está en juego no son solo selfies con la Luna al fondo, sino la forma en la que contamos y recordamos este regreso humano al entorno lunar. Como ocurrió con las imágenes en blanco y negro del Apolo, las tomas que se registren ahora —sean o no perfectas desde el punto de vista técnico— serán probablemente las que queden grabadas en la memoria colectiva.

En conjunto, la decisión de la NASA de dejar que los astronautas lleven iPhone y otros smartphones a la Luna marca un giro interesante: abre la puerta a usar tecnología cotidiana en escenarios extremos, obliga a revisar viejos procedimientos y promete una narrativa mucho más directa y humana de las próximas misiones, en las que europeos y españoles también se juegan parte del futuro de su industria espacial.


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