El AirTag se diseñó para encontrar llaves, mochilas o maletas, pero cada vez se usa más con fines que nada tienen que ver con localizar objetos. Las alertas de rastreador desconocido que llegan al móvil son ya un clásico en foros y redes sociales, y lo que parecía una simple molestia para algunos se ha convertido en un problema real de seguridad. Dos casos recientes, uno en Australia y otro muy cerca de Barcelona, demuestran que la baliza de Apple se ha convertido en una herramienta para el acoso y para el robo de coches de alta gama.
En Frankston, un expolicía de 65 años fue detenido después de que cuatro mujeres encontrasen varios AirTag camuflados en sus vehículos. La policía de Victoria halló en el registro hasta treinta balizas activas vinculadas a su teléfono, y cree que puede haber al menos 25 víctimas más de las que aún no se sabe nada. En Cataluña, un BMW X6 fue marcado en Diagonal Mar y sus propietarios recibieron el aviso, pero no localizaron el dispositivo. Horas después, los ladrones intentaron robar el coche en Palau-solità i Plegamans tras haberlo seguido hasta allí. La mecánica es idéntica: primero se coloca la baliza, después se vigila el vehículo y por último se actúa cuando está aparcado.
Australia, un antecedente que marca el camino
El caso de Frankston comenzó en junio, cuando una vecina recibió la notificación de un rastreador desconocido cerca de su posición. Su padre revisó el coche y encontró un AirTag pegado con cinta negra en la puerta del conductor. La hermana de esta mujer halló otro dispositivo semanas después, y ya en agosto fueron dos vecinas más las que encontraron varios localizadores magnéticos en sus parachoques. El patrón se repetía: cinta aislante, imanes y balizas colocadas en puntos que solo se revisan si se sabe dónde mirar.
Cuando la policía registró el domicilio del detenido, aparecieron cámaras tipo trampa, un arma de fuego casera, cuadernos con anotaciones sobre los movimientos de las víctimas y varios paquetes vacíos de AirTag. El hombre, que trabajó como agente en el pasado, quedó en prisión preventiva y ahora deberá responder por acoso y tenencia ilícita de armas. Las autoridades siguen buscando a las víctimas adicionales y han pedido a cualquier persona que haya recibido alertas sospechosas en la zona que se ponga en contacto con la policía.
Barcelona, la nueva vía de los robos con señal
Lo ocurrido en Australia no es un caso aislado, y en España ya se han registrado situaciones similares en las últimas semanas. Los Mossos d’Esquadra y varias policías locales han constatado que los localizadores se utilizan para marcar vehículos de alta gama en zonas comerciales y esperar a que el dueño los aparque en un lugar tranquilo para sustraerlos con comodidad. El caso del BMW X6 es especialmente claro: el aviso llegó cuando el móvil de uno de los propietarios detectó que un AirTag se movía con ellos desde Diagonal Mar hasta el Vallès.
La familia buscó el dispositivo, pero no lo encontró. Al llegar a casa, desactivaron la alerta sin saber que la baliza seguía ahí, y durante la madrugada los ladrones forzaron la cerradura y abrieron el capó del coche. No llegaron a completar el robo, pero la forma de actuar demuestra cómo se está extendiendo esta técnica. El AirTag es pequeño, se esconde en los bajos, detrás de la matrícula o en el parachoques y puede funcionar durante meses con una pila de botón. Es una herramienta barata y eficaz para conocer la ubicación de un vehículo sin tener que seguirlo físicamente.
Cómo comprobar si llevas un AirTag encima sin querer
La buena noticia es que tanto Apple como Google han implementado sistemas de detección para intentar frenar el uso indebido de estos dispositivos. Si tu móvil detecta un rastreador que no es tuyo, te enviará una notificación automática. En los iPhone, la alerta aparece en la app Buscar; en los Android, la red Encontrar mi dispositivo de Google cumple la misma función. No se debe ignorar esta advertencia, aunque no se encuentre el dispositivo de inmediato. Lo mejor es hacer capturas de pantalla del aviso y del recorrido detectado, activar el sonido de la baliza si es posible y revisar con calma el vehículo.
Hay que prestar atención a los puntos habituales: puertas, bajos, pasos de rueda, parachoques y la zona de la matrícula. Si se encuentra un AirTag, lo más sensato es no retirarlo bruscamente, fotografiarlo y avisar a las autoridades. Los agentes pueden extraer el número de serie y, a través de Apple, identificar al propietario. Si no se encuentra nada pero la alerta persiste, es recomendable dirigirse a una comisaría o a un lugar concurrido y con cámaras en lugar de ir directo al domicilio. También conviene tener presente que las balizas de tercera generación, como los AirTag o los modelos compatibles con la red de Google, emiten sonido cuando están en modo perdido o cuando llevan un tiempo alejadas de su dueño, así que merece la pena permanecer atento al entorno.

Normativa, sanciones y qué dice la ley en Europa
El uso de localizadores para vigilar a otra persona sin su consentimiento no es una simple travesura. En España, el Código Penal contempla penas de prisión para quienes acosen a una persona mediante el seguimiento de sus movimientos, y la colocación de un dispositivo de rastreo en el coche de alguien sin permiso puede considerarse un delito contra la intimidad. La Audiencia Provincial ya ha dejado clara en varias sentencias que el rastreo no consentido a través de dispositivos electrónicos es constitutivo de delito, y las condenas pueden incluir no solo prisión sino también indemnizaciones por daño moral.
En Australia, el caso de Frankston ha abierto un debate sobre la necesidad de endurecer las penas para estos supuestos. La policía de Victoria ha pedido que se considere el simple hecho de portar varios AirTag conectados a un mismo teléfono como un indicio claro de intenciones delictivas. La respuesta de Apple ha sido recordar que sus dispositivos están pensados para localizar objetos y que las alertas de seguridad son una herramienta imprescindible para que los usuarios puedan saber si alguien los está rastreando. La compañía ha colaborado en varias ocasiones con las fuerzas de seguridad para identificar a los propietarios de las balizas.
Para el ciudadano de a pie, lo importante es tener claro que un AirTag ajeno en el coche no es una anécdota ni una broma pesada, sino un riesgo real. Configurar las notificaciones de seguridad del móvil, revisar los bajos del coche de vez en cuando y saber reaccionar ante un aviso puede marcar la diferencia. La tecnología es una herramienta neutra, pero en manos equivocadas se convierte en un peligro. Estos casos demuestran que la seguridad al volante ya no depende solo de los frenos o los airbags, sino también de los sensores que llevamos en el bolsillo y de lo atentos que estemos a sus avisos.