Durante muchísimo tiempo, abrir aplicaciones como Google Maps o Waze antes de arrancar el coche era un gesto casi automático para evitar sustos. Teníamos esa sensación de seguridad al pensar que, si había un radar en nuestro camino, el móvil nos avisaría con tiempo de sobra para levantar el pie del acelerador. Sin embargo, ese pacto de confianza entre el conductor y la tecnología parece que se está rompiendo, dejando a muchos usuarios con una receta de la DGT en el buzón cuando menos se lo esperaban.
Lo que está ocurriendo en las carreteras españolas es una mezcla de fallos técnicos y un cambio de estrategia por parte de las autoridades. Se han multiplicado las quejas de conductores que aseguran que radares fijos de toda la vida han desaparecido del mapa o que las alertas de tramos de velocidad simplemente no saltan. Esto ha generado un clima de incertidumbre, ya que muchos confiaban ciegamente en que estas herramientas eran infalibles, cuando la realidad es que sus bases de datos no siempre van al ritmo que deberían.
La brecha técnica que deja a ciegas a los conductores
El problema principal de Google Maps es que su prioridad no es avisarte de los radares, sino llevarte a tu destino por la ruta más rápida. Su arquitectura está pensada para el tráfico, lo que provoca que la actualización de nuevos cinemómetros sea lenta y pueda tardar semanas en reflejarse. Si la DGT instala un nuevo radar de tramo, es muy probable que la aplicación, a pesar de que Google Maps gana avisos de radares, tarde un mundo en procesar esos puntos de entrada y salida, dejando al conductor totalmente desprotegido frente a la sanción.
Por otro lado, Waze depende totalmente de lo que reporte la gente, lo que tiene sus riesgos. En carreteras secundarias o en horas con poco tráfico, si nadie ha pasado antes para marcar un control, la aplicación no mostrará absolutamente nada en la pantalla. Es un sistema brillante cuando hay miles de ojos en la carretera, pero se vuelve extremadamente frágil y poco fiable en cuanto nos salimos de las autovías principales o viajamos de madrugada, que es precisamente cuando más falta hace la información.
La trampa psicológica de las aplicaciones de tráfico
Un estudio reciente realizado por la plataforma Independer ha arrojado un dato que a muchos les va a dejar un poco locos: usar estas apps podría estar provocando que te multen más. Según sus datos, el 41 % de los conductores que usan avisadores recibió una multa el año pasado, frente a un escaso 19 % de los que no usan nada. La explicación es puramente mental, ya que al no escuchar ninguna alerta, tendemos a pisar más el acelerador por puro exceso de confianza al creer erróneamente que la vía está libre de vigilancia.
Esta dependencia hace que bajemos la guardia y que nuestra atención a las señales físicas de la carretera disminuya drásticamente. Al final, nos fiamos más de un algoritmo que de nuestra propia vista, y eso es un error de bulto. Como bien señalan los expertos, la distracción que genera esperar una notificación puede ser tan peligrosa como el propio exceso de velocidad, ya que nos desconecta del entorno real y nos mete en una burbuja digital que no siempre coincide con la realidad del asfalto.
La DGT y su ofensiva contra los radares tradicionales
Mientras las aplicaciones intentan ponerse al día, la DGT ha decidido cambiar las reglas del juego apostando por tecnologías mucho más difíciles de rastrear. Los famosos Velolaser, conocidos como radares invisibles por su diminuto tamaño, son casi imposibles de detectar por los usuarios de Waze, ya que se pueden colocar en cualquier guardarraíl o señal en cuestión de segundos. Además, el uso de drones y helicópteros Pegasus añade una capa de vigilancia aérea que las aplicaciones convencionales todavía no son capaces de gestionar con fiabilidad.
Tampoco hay que olvidar que las autoridades están vigilando con lupa el uso del móvil al volante. Si te pillan avisar de un control de tráfico mientras conduces, aunque el móvil esté en un soporte, la broma te puede costar 200 euros y la pérdida de tres puntos del carné. La estrategia ha pasado de los radares fijos bien señalizados a un control mucho más dinámico y móvil que pilla fuera de juego a los sistemas de geolocalización de las grandes tecnológicas.
El panorama legal en el resto de Europa
Si tienes pensado cruzar la frontera, mucho ojo, porque en otros países europeos no son tan permisivos como aquí. En Alemania, Austria o Suiza, está terminantemente prohibido incluso tener instaladas aplicaciones que avisen de radares. Si la policía te para en Suiza y ve que llevas el Waze funcionando, la multa puede ascender a 1.000 euros sin despeinarse. En Francia la cosa no es mucho mejor, y los gendarmes tienen potestad para ponerte multas de hasta 1.500 euros si consideran que estás usando tecnología para eludir los controles.
Es fundamental recordar que, aunque en España los avisadores son legales, los detectores y los inhibidores están prohibidísimos. Estos últimos interfieren con la señal del radar y su uso conlleva sanciones que oscilan entre los 3.000 y 6.000 euros, una cifra que asusta a cualquiera. Por eso, conviene tener muy claro qué llevamos instalado en el teléfono antes de lanzarnos a hacer kilómetros por el continente, ya que la legislación varía una barbaridad de un país a otro.
Toda esta situación nos lleva a pensar que la era de la confianza ciega en el móvil para evitar multas está llegando a su fin. La combinación de fallos en el software de Google, la falta de informes en tiempo real en zonas poco transitadas y la nueva tecnología indetectable de tráfico está dejando claro que la mejor defensa sigue siendo respetar los límites de velocidad. Al final, ninguna aplicación va a ser tan precisa como nuestro propio sentido común y la atención que prestemos a las señales que vemos a través del parabrisas, evitando así que un viaje tranquilo termine con una sorpresa desagradable.