Mark Zuckerberg se defiende en el histórico juicio por el supuesto diseño adictivo de Instagram para menores

  • Mark Zuckerberg declara en un juicio inédito en Los Ángeles sobre si Instagram y otras redes se diseñaron para generar adicción en menores y dañar su salud mental.
  • La demandante, Kaley G.M., afirma que empezó a usar YouTube con 6 años e Instagram con 9-11, desarrollando depresión, ansiedad y pensamientos suicidas por un uso compulsivo.
  • Zuckerberg niega que Meta busque adicción, admite fallos y retrasos en la verificación de edad y señala que antes hubo objetivos internos ligados al tiempo de uso.
  • El caso puede sentar precedente para miles de demandas similares y se enmarca en un creciente debate regulatorio sobre protección de menores en redes en EE. UU. y Europa.

Mark Zuckerberg juicio por Instagram e impacto en menores

El máximo responsable de Meta, Mark Zuckerberg, se ha sentado en el banquillo en un juicio sin precedentes en Estados Unidos en el que se analiza si Instagram y otras redes sociales fueron diseñadas para resultar adictivas a los menores y perjudicar su salud mental. El proceso, que se celebra en un tribunal de Los Ángeles, puede convertirse en un caso de referencia para cientos de demandas similares que ya se acumulan en el país.

Frente a un jurado popular y a decenas de padres que aseguran que sus hijos han sufrido daños por el uso intensivo de redes sociales, Zuckerberg ha defendido que Meta ha gestionado la seguridad de los usuarios jóvenes de manera razonable y que las funciones de Instagram no se concibieron para enganchar artificialmente a los adolescentes, sino para ofrecer productos útiles en un entorno de fuerte competencia.

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Un juicio histórico sobre redes sociales y menores

El litigio tiene como protagonista a Kaley G.M., una joven de 20 años residente en California, que denuncia a Meta y a YouTube (propiedad de Google) por haberla atrapado en un uso compulsivo de redes y plataformas de vídeo desde que era niña. Según la demanda, empezó con YouTube a los seis años y se incorporó a Instagram con apenas 9-11 años, mucho antes de la edad mínima de 13 años que la propia plataforma declara como requisito.

La joven sostiene que esa exposición prolongada y sin control la llevó a padecer depresión, ansiedad, dismorfia corporal, pensamientos suicidas e incluso situaciones de acoso y extorsión sexual a través de Instagram. Sus abogados argumentan que el diseño de las aplicaciones, incluidos algoritmos de recomendación y funciones de personalización, habría fomentado un patrón de uso casi imposible de abandonar.

Para los demandantes, no se trata solo del contenido que los chicos ven, sino de cómo las propias mecánicas de las plataformas -reproducción automática, scroll infinito, notificaciones y filtros de belleza, entre otros elementos- incentivan que los menores pasen cada vez más tiempo en la aplicación. Por eso, el pleito se centra en el diseño y no tanto en las publicaciones de otros usuarios, ámbito en el que la legislación estadounidense otorga una amplia inmunidad a las tecnológicas.

Más allá del caso de Kaley, el proceso ha congregado a padres de todo el país que aseguran que sus hijos han sufrido daños graves, e incluso han muerto, en un contexto de uso intensivo de redes sociales. A las puertas del tribunal, muchos califican el momento como el «gran juicio de las redes», comparable al que vivió la industria del tabaco cuando se pusieron bajo la lupa sus prácticas comerciales.

Juicio por Instagram y menores

El interrogatorio a Zuckerberg: adicción, objetivos internos y filtros de belleza

Durante más de cinco horas de testimonio, Zuckerberg fue sometido a un interrogatorio intenso por parte de Mark Lanier, abogado de la demandante. Lanier le planteó que, ante personas vulnerables, solo hay tres opciones: ayudar, ignorar o aprovecharse de ellas. El CEO de Meta respondió que una empresa responsable debe situarse claramente en la primera categoría y tratar de apoyar a quienes usan sus servicios.

Una de las cuestiones más espinosas fue si Instagram se diseñó para incentivar un uso adictivo. Lanier le recordó unas declaraciones ante el Congreso en 2024, donde Zuckerberg sostuvo que no existe un consenso científico que vincule de forma directa redes sociales y peores resultados de salud mental en jóvenes. El abogado le replicó presentando documentos internos que, a su juicio, contradicen la postura oficial de Meta.

Zuckerberg reconoció que, en los primeros años de la compañía, sí se fijaron metas relacionadas con el tiempo de permanencia en la plataforma, como un plan de 2015 que apuntaba a aumentar en un 10 % el tiempo dedicado a Instagram. Sin embargo, aseguró que esas métricas se dejaron atrás, para centrarse en la «utilidad» del producto y compararse con competidores como TikTok, más que en exprimir cada minuto de atención del usuario.

El abogado también le interrogó por los polémicos filtros de belleza que modifican el rostro de los usuarios para acercarlo a ideales estéticos poco realistas. Lanier explicó que Meta consultó a una veintena de expertos que advirtieron de posibles efectos negativos sobre la autoestima de adolescentes y jóvenes. Aun así, la compañía decidió permitir estos filtros creados por terceros, aunque sin promocionarlos de forma destacada en la app.

Zuckerberg defendió que en este asunto trató de encontrar un equilibrio entre libertad de expresión y protección, permitiendo que los usuarios generasen ese tipo de contenido, pero sin que la propia empresa desarrollara filtros similares ni los impulsara de forma agresiva. Reconoció, no obstante, que él mismo no se reunió directamente con todos los especialistas consultados sobre el tema.

Menores en Instagram y el problema de la verificación de edad

Otro de los puntos clave del juicio es el aparente desfase entre la norma oficial de Instagram –prohibición a menores de 13 años– y la realidad de su base de usuarios. Lanier exhibió documentos internos de 2015 en los que Meta estimaba que más de 4 millones de menores de 13 años usaban Instagram en Estados Unidos, una cifra que equivaldría aproximadamente al 30 % de todos los niños de entre 10 y 12 años del país.

Zuckerberg insistió en que «nunca se ha permitido el acceso a Instagram a menores de 13 años», pero admitió que hay un grupo significativo de personas que miente sobre su edad para crear una cuenta. «Tenemos reglas y la gente, en general, las entiende», afirmó, restando dramatismo a la situación, aunque aceptó que la compañía ha tenido que ir reforzando sus controles con el paso del tiempo.

El interrogatorio sacó a relucir que hasta diciembre de 2019 Instagram no empezó a exigir una fecha de nacimiento concreta a la hora de registrarse; antes solo se pedía confirmar que el usuario tenía más de 13 años, una casilla que muchos menores marcaban sin grandes obstáculos. Y no fue hasta agosto de 2021 cuando se obligó a los perfiles ya existentes que no habían facilitado su edad a introducir ese dato como parte de las nuevas medidas de seguridad para jóvenes.

Este calendario implica que, cuando Kaley comenzó a usar la plataforma siendo una niña, nadie le pidió su edad, más allá de aceptar un acuerdo de usuario largo y complejo que difícilmente un menor podría comprender en detalle. Para la acusación, esta laxitud permitió que millones de niños se instalasen en Instagram durante años sin ninguna comprobación efectiva.

En la misma línea, el fundador de Facebook reconoció que la empresa ha ido «llegando tarde» en algunas medidas de verificación y declaró ante el jurado que «podríamos haberlo hecho antes». Aun así, defendió que, en este momento, Meta está «en el lugar correcto» en cuanto a controles de edad y anunció que seguirán incorporando nuevos métodos y herramientas para detectar cuentas que pertenezcan a menores de la edad mínima permitida.

Apple, Google y el debate sobre quién debe verificar la edad

En su testimonio, Zuckerberg también aprovechó para distribuir responsabilidades y apuntó directamente a Apple y Google, responsables de los principales sistemas operativos móviles y de las tiendas de apps. A su juicio, tendría más sentido que el control de la edad se hiciera a nivel del dispositivo -es decir, desde iOS y Android- en lugar de delegarlo en cada aplicación por separado.

«Hacerlo a nivel del teléfono es mucho más claro que hacerlo por separado en cada app», señaló, añadiendo que, en su opinión, para Apple y Google «sería bastante fácil» implantar una solución unificada. Según explicó, Meta ha mantenido contactos con otras compañías tecnológicas, incluido el propio CEO de Apple, Tim Cook, para explorar posibles vías de cooperación en este terreno.

El equipo defensor de Meta presentó ante el jurado una serie de correos electrónicos de 2018 entre Zuckerberg y Cook en los que el primero proponía trabajar juntos para mejorar la protección y el bienestar digital de adolescentes y niños. Con ello, intentan dibujar la imagen de un directivo preocupado desde hace años por la seguridad de los menores, y no solo a raíz de las demandas judiciales.

Al mismo tiempo, el abogado de Meta subrayó que la compañía elimina las cuentas de menores siempre que detecta que no cumplen la edad mínima y que, en paralelo, ha ido incorporando requisitos de edad en el registro y herramientas de supervisión parental para reforzar el control. Desde la compañía insisten en que su compromiso con la seguridad juvenil es «de larga duración».

En sentido contrario, los representantes de las víctimas se apoyan en estos mismos documentos internos para sostener que, mientras las normas eran más laxas, millones de menores formaban parte del público objetivo al que se dirigían los esfuerzos de diseño para aumentar el tiempo de permanencia en la aplicación, con todas las consecuencias que ello conlleva para una población especialmente vulnerable.

Entre la salud mental y el negocio: qué se decide en el juicio

La cuestión de fondo para el jurado de Los Ángeles es si Instagram y YouTube fueron un factor sustancial en los problemas de salud mental que arrastra la demandante, más allá de otros elementos de su vida personal y familiar. Meta sostiene que Kaley ya afrontaba retos significativos antes de usar las redes y que no se puede atribuir a las plataformas la causa principal de su situación.

Los abogados de la joven, en cambio, aseguran que las empresas minimizaron los riesgos y lanzaron mensajes tranquilizadores sobre la seguridad de sus servicios, mientras las evidencias internas apuntaban a que sabían del impacto que podían tener en menores. También acusan a Meta, YouTube, TikTok y Snap de haber engañado al público respecto a los daños potenciales de un uso intensivo de sus productos.

Es especialmente delicada la discusión sobre si las tecnológicas priorizaron el crecimiento y los ingresos frente a las advertencias sobre salud mental. Documentación presentada en el juicio menciona objetivos internos del equipo de Instagram para elevar el tiempo medio diario de uso hasta 40 minutos en 2023 y 46 minutos en 2026, algo que la defensa describe como simples referencias comparativas con la competencia.

Expertos legales consultados por medios estadounidenses señalan que el desempeño de Zuckerberg en el estrado -su tono, su lenguaje corporal, su capacidad de empatizar- puede tener un peso considerable en la decisión del jurado. Durante la declaración, el directivo pasó de una actitud muy contenida a mostrar cierto gesto de molestia y movimientos de cabeza y manos cuando el interrogatorio se volvía especialmente incisivo.

Si Meta y YouTube pierden, podrían enfrentarse a indemnizaciones de cuantía millonaria y verse obligadas a introducir cambios estructurales en el diseño de sus servicios, lo que impactaría no solo en Estados Unidos, sino también en otros mercados donde ya se discute un endurecimiento de las normas sobre protección de menores en línea.

Un contexto global: presión regulatoria en Europa y nuevos juicios

Aunque el juicio tiene lugar en California, lo que está en juego supera de largo las fronteras estadounidenses. En paralelo a este procedimiento, se tramita en Oakland un macroproceso federal que podría desembocar en otro gran litigio en 2026, también centrado en si las grandes plataformas han promovido un uso compulsivo entre adolescentes. Además, Meta afronta un juicio en el estado de Nuevo México por, supuestamente, no proteger adecuadamente a menores frente a depredadores sexuales.

En otros países se observa el caso con lupa. En Australia ya se ha aprobado una Ley de Edad Mínima en Redes Sociales que ha obligado a Meta a desactivar cientos de miles de cuentas de menores y que ha servido de inspiración a gobiernos como el del Reino Unido o Francia, que estudian medidas similares. En la Unión Europea, estas discusiones se cruzan con nuevas exigencias legales que afectan, por ejemplo, a la publicidad política y reforzarán todavía más las obligaciones de transparencia y control para las plataformas.

El debate europeo se ve influido por textos como la Ley de Servicios Digitales (DSA), que ya impone deberes específicos de evaluación de riesgos sistémicos, incluida la protección de los menores, o por propuestas para limitar el uso de algoritmos de recomendación personalizados en usuarios jóvenes. Lo que se decida en los tribunales estadounidenses alimentará inevitablemente estas conversaciones en Bruselas y en las capitales europeas.

En este clima, distintas organizaciones de defensa de la infancia y colectivos de padres europeos reclaman que se vaya más allá de los mecanismos de control parental y se cuestionen directamente los modelos de negocio basados en la atención continua. Para ellos, el caso contra Meta, YouTube y otras plataformas no es solo un asunto norteamericano, sino un precedente que puede respaldar futuras acciones en Europa.

Mientras el juicio de Los Ángeles avanza y el jurado se prepara para valorar semanas de documentos, testimonios de expertos en salud mental y declaraciones de directivos de las tecnológicas, la cuestión central permanece abierta: hasta qué punto el diseño de redes como Instagram ha contribuido a una ola de depresión, ansiedad, trastornos alimentarios y conductas autolesivas entre los jóvenes, y qué responsabilidad jurídica y ética deben asumir las empresas que han moldeado la vida digital de toda una generación.


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