Multa por avisar de un control de tráfico en Telegram: así te pueden sancionar

  • Una conductora de Ibiza ha sido denunciada por avisar en Telegram de un control de tráfico de la Guardia Civil.
  • La actuación se sanciona como infracción grave al amparo del artículo 36.23 de la Ley Orgánica 4/2015.
  • La multa puede ir de 601 a 30.000 euros por poner en riesgo el éxito del operativo y la seguridad de los agentes.
  • Grupos de Telegram, WhatsApp y redes sociales que avisan de controles están bajo la lupa de las autoridades.

multa por avisar de control de tráfico en Telegram

Una simple alerta enviada al móvil puede salir muy cara. Una mujer ha sido denunciada en Ibiza por avisar en un grupo de Telegram de la ubicación exacta de un control de tráfico de la Guardia Civil, lo que ha reabierto el debate sobre hasta dónde se puede llegar al compartir este tipo de información en redes sociales y aplicaciones de mensajería.

El caso, ocurrido en la carretera EI-200 a la altura de Santa Eulària des Riu, muestra cómo unos pocos mensajes en tiempo real pueden poner en jaque un operativo policial orientado a controlar la seguridad vial, incluso cuando se utilizan canales pensados para notificar incidencias de tráfico.

Qué ocurrió en el control de tráfico de Ibiza

Los hechos se produjeron cuando agentes de la Guardia Civil de Santa Eulària des Riu estaban llevando a cabo un punto de verificación de vehículos y personas en la EI-200, una carretera muy transitada de la isla. En un momento dado, los guardias dieron el alto a un turismo en el que viajaban dos mujeres, comprobaron su documentación y les permitieron continuar la marcha sin mayor incidencia.

Poco después de ese control rutinario, los agentes comenzaron a notar algo extraño en la circulación: el volumen de vehículos que pasaban por la zona disminuyó de forma repentina. Además, observaron que varios coches empezaban a utilizar un camino vecinal paralelo a la vía principal para esquivar el dispositivo policial instalado en la rotonda de Santa Eulària.

Ante esas maniobras llamativas, los guardias sospecharon que alguien podría estar avisando en tiempo real de la presencia del control. Revisaron entonces distintos canales de mensajería y localizaron un grupo de Telegram activo en la isla, creado supuestamente para informar de incidencias y estado del tráfico en las carreteras de Ibiza.

Dentro de ese chat, que funcionaba como un espacio en el que los usuarios comparten avisos de tráfico y situaciones en la vía, detectaron un mensaje muy concreto: “control rotonda Santa Eulària”. El aviso coincidía exactamente con la ubicación del dispositivo que estaba desarrollando en ese momento la Guardia Civil, lo que explicaría el desvío masivo de vehículos.

Tras realizar las comprobaciones oportunas, los investigadores rastrearon el origen del mensaje y identificaron como autora a una de las mujeres que acababan de ser paradas unos minutos antes en el propio control. Con esa información, iniciaron los trámites formales y le comunicaron la apertura de un acta de denuncia.

Qué ley se aplica: el artículo 36.23 de la Ley de seguridad ciudadana

La Guardia Civil ha encuadrado esta conducta dentro de la Ley Orgánica 4/2015, de 30 de marzo, de protección de la seguridad ciudadana. Concretamente, se le aplica el artículo 36.23, que regula las infracciones graves vinculadas al uso de información sobre las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

Dicho precepto sanciona el “uso no autorizado de imágenes o datos personales o profesionales de autoridades o miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad” cuando esa difusión pueda poner en peligro la seguridad de los agentes, de sus instalaciones o, como en este caso, comprometer el éxito de una operación o dispositivo en marcha. Para la Benemérita, comunicar en un grupo de Telegram que hay un control activo en una rotonda concreta encaja en esta última situación.

Esta infracción está catalogada como grave y, según el artículo 39 de la misma ley, las sanciones económicas oscilan entre los 601 y los 30.000 euros. Dentro de ese margen se distinguen tres tramos: grado mínimo (de 601 a 10.400 euros), grado medio (de 10.401 a 20.200 euros) y grado máximo (de 20.201 a 30.000 euros), que se aplican en función de la gravedad del caso y del perjuicio generado.

En el expediente abierto a esta conductora de Ibiza, la denuncia se fundamenta en que su aviso habría permitido que numerosos conductores eludieran un control orientado a detectar infracciones graves, como la conducción bajo los efectos del alcohol o las drogas, la falta de seguro obligatorio, la ausencia de permiso de conducción válido o incluso la localización de personas buscadas.

El Instituto Armado ha recalcado que difundir en tiempo real la ubicación de controles y dispositivos policiales encaja en ese tipo de conductas, porque puede frustrar actuaciones diseñadas para proteger la seguridad vial y la seguridad ciudadana en general, más allá de las molestias que suponga ser parado unos minutos.

Por qué avisar de controles en Telegram o WhatsApp puede acarrear una multa

Desde la Guardia Civil y la Dirección General de Tráfico (DGT) se insiste en que avisar de un control no es un gesto inocente, aunque a muchos les pueda parecer una simple “ayuda” entre conductores. Cuando ese aviso afecta a un operativo en marcha, el resultado práctico es que determinados usuarios de la vía pueden esquivarlo deliberadamente.

Los controles de tráfico no solo sirven para sancionar excesos de velocidad o pequeñas irregularidades: son una herramienta clave para detectar conductores ebrios o bajo la influencia de drogas, vehículos con graves deficiencias técnicas, documentación caducada o inexistente y personas que puedan estar siendo buscadas por la justicia. Si quienes tienen algo que ocultar reciben el chivatazo a tiempo, se desvían y el dispositivo pierde parte de su eficacia.

Las autoridades subrayan, además, que no está permitido difundir información concreta sobre la ubicación, identidad o actuación de los agentes cuando esto pueda alterar un operativo o poner en riesgo su seguridad personal. El problema no es comentar que hay controles en abstracto, sino ofrecer datos específicos y en tiempo real que condicionen el resultado de una actuación policial.

En este contexto, el caso de Ibiza se ha convertido en un ejemplo práctico de cómo la legislación de seguridad ciudadana se puede aplicar a conductas que tienen lugar en el entorno digital. Lo que antes se hacía con ráfagas de luces en la carretera, ahora se multiplica con un solo mensaje que llega de golpe a decenas o cientos de personas en un grupo de mensajería.

Según explican fuentes consultadas por distintos medios, este tipo de avisos online ya se están vigilando desde hace años y no es la primera vez que se actúa contra usuarios de redes sociales por difundir datos de operativos policiales. No obstante, el expediente de Ibiza ha tenido especial repercusión al tratarse de un grupo de Telegram muy conocido en la isla dedicado aparentemente a incidencias de tráfico.

Grupos de avisos de controles: de herramienta útil a foco de problemas

El uso de grupos de WhatsApp, Telegram y otras plataformas para compartir información sobre el estado de la circulación, accidentes o retenciones se extendió con fuerza a partir de 2012 y, sobre todo, desde 2014, coincidiendo con el auge de las apps vinculadas a la seguridad vial y la navegación.

En un primer momento, la DGT veía con buenos ojos estas iniciativas, ya que muchos de estos canales ayudaban a informar de atascos, obras, climatología adversa o vehículos averiados en la calzada. Es decir, se percibían como un complemento ciudadano a los canales oficiales de información sobre tráfico.

Con el paso del tiempo, sin embargo, en muchos de esos grupos se empezaron a incluir avisos cada vez más concretos sobre la localización de controles móviles, radares o dispositivos de alcoholemia. Es en ese punto donde el uso aparentemente inocente de la tecnología empezó a chocar con los objetivos de la seguridad vial y la normativa de seguridad ciudadana.

En el caso de Ibiza, el canal de Telegram investigado se presentaba precisamente como un grupo para compartir incidencias en las carreteras de la isla. Pero, entre la información útil para los conductores, también se difundían mensajes detallando controles en puntos muy concretos, como el que originó la denuncia contra la conductora.

En España se ha llegado a plantear, en algunos proyectos legislativos, la posibilidad de sancionar específicamente a los administradores de estos grupos cuando se dedican a avisar de controles y radares. Se manejaron cifras de multas que podían oscilar entre 6.000 y 20.000 euros, aunque esas previsiones no han cristalizado todavía en una norma con fuerza de ley.

No obstante, la experiencia de Ibiza demuestra que, aunque no haya una regulación ad hoc dirigida solo a grupos de avisos, la Ley de seguridad ciudadana ya ofrece herramientas suficientes para sancionar conductas que comprometan un operativo. Basta con que los mensajes puedan considerarse un uso no autorizado de datos relativos a los agentes o a sus actuaciones.

Qué es legal y qué no al compartir información de controles y radares

Una de las dudas más habituales entre los conductores es hasta qué punto es legal hablar de radares o controles en redes sociales o aplicaciones. La propia DGT distingue claramente entre varios supuestos para no meter todo en el mismo saco.

Por un lado, la información sobre radares fijos es pública y se puede consultar en la web oficial de la DGT, en mapas, navegadores y distintas aplicaciones autorizadas. Compartir esos datos, que ya han sido publicados por los canales oficiales, no supone en sí mismo una infracción, siempre que no se estén revelando detalles adicionales que afecten a un dispositivo específico en curso.

Otra cosa muy diferente es avisar de forma precisa y en tiempo real de la ubicación de un control móvil, un control de alcoholemia o un operativo concreto en el que participen agentes de la Guardia Civil, Policía Nacional o policías locales. Cuando esa información no ha sido difundida por las autoridades y se comunica de forma que pueda frustrar la actuación, se entra ya en el terreno de las infracciones graves.

La normativa que se ha aplicado en el caso de Ibiza castiga precisamente ese uso no autorizado de datos o información profesional de los agentes, al considerar que puede poner en peligro tanto la seguridad personal de los guardias como el resultado del dispositivo. No se trata solo de “perder multas”, sino de permitir que conductores potencialmente peligrosos para los demás esquiven los filtros de control.

Conviene recordar, además, que las fuerzas de seguridad tienen capacidad para rastrear los mensajes en grupos de mensajería o redes sociales, incluso cuando son cerrados, siempre que exista una investigación abierta y se respeten las garantías legales. El anonimato en internet o en apps de mensajería no es tan absoluto como a veces se piensa.

La propia Guardia Civil de Baleares ha incidido en que utilizar estos canales para compartir incidencias reales de tráfico es positivo, pero cruzar la línea hacia los chivatazos de controles o dispositivos de alcoholemia puede acabar generando un expediente sancionador de gran cuantía.

Todo este escenario pone sobre la mesa una idea clara: las mismas herramientas que facilitan la vida diaria de los conductores —navegadores, apps de mensajería, redes sociales— también se convierten en un arma de doble filo si se usan para boicotear la labor preventiva de las autoridades. Evitar el control puede parecer una jugada astuta en el momento, pero el coste económico y legal de un solo mensaje puede resultar mucho mayor que el tiempo que se quería “ahorrar”.

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