OpenAI estudia demandar a Apple por la fallida integración de ChatGPT en Siri

  • OpenAI considera que Apple ha incumplido el acuerdo de integración de ChatGPT en Siri y baraja acciones legales con un bufete externo.
  • La presencia de ChatGPT en el ecosistema de Apple es limitada y poco visible, muy lejos de las expectativas de negocio de la startup.
  • Apple prepara iOS 27 y una nueva Siri abierta a varios modelos de IA como Google Gemini y Claude, diluyendo el papel de OpenAI.
  • El choque llega en pleno aumento del escrutinio regulatorio en EE. UU. y Europa sobre las alianzas de inteligencia artificial.

OpenAI y Apple conflicto por integracion de ChatGPT en Siri

La relación entre Apple y OpenAI, que hace apenas dos años se presentaba como una alianza estratégica para llevar la inteligencia artificial generativa al iPhone, atraviesa su momento más tenso. Lo que se anunció en 2024 como un pacto llamado a marcar el futuro de Siri y de Apple Intelligence se ha convertido en un caso de estudio sobre hasta qué punto es difícil monetizar la IA dentro de un ecosistema tan cerrado como el de Cupertino.

Según múltiples filtraciones de medios como Bloomberg y Reuters, OpenAI ha puesto en marcha una ofensiva legal, en un contexto en el que Apple ha afrontado otras demandas como la demanda de Cydia por monopolio: trabaja con un bufete externo para evaluar si Apple ha incumplido el contrato por la forma en que ha integrado —o más bien escondido— ChatGPT en sus sistemas. Sobre la mesa está el envío de una notificación formal de presunto incumplimiento, un paso previo a una posible demanda que podría llegar antes de final de año si no hay acuerdo.

Del entusiasmo en la WWDC24 a una alianza en crisis

Presentacion del acuerdo entre Apple y OpenAI

El origen de este desencuentro hay que buscarlo en junio de 2024, durante la Worldwide Developers Conference (WWDC). Aquel día, Sam Altman acudió al campus de Apple en Cupertino para escenificar un acuerdo que muchos compararon —al menos en ambición— con el pacto multimillonario entre Apple y Google para situar su buscador como opción por defecto en Safari.

Craig Federighi, responsable de software de Apple, presentó a OpenAI como “pionera y líder del mercado” en inteligencia artificial y prometió una integración profunda de ChatGPT dentro de Siri y de funciones avanzadas como la Inteligencia Visual del iPhone, capaz de analizar objetos y escenas captadas por la cámara. Sobre el papel, la jugada era redonda: Apple ganaba una capa de IA generativa puntera sin tener lista aún toda su tecnología propia, y OpenAI accedía a una base de más de mil millones de dispositivos activos en todo el mundo, incluida Europa.

Con el paso de los meses, la colaboración se amplió. ChatGPT se activó como opción para generar textos, analizar lo que aparece en pantalla y crear imágenes a través de la app Image Playground. Además, Apple habilitó un mecanismo para que los usuarios de iPhone pudieran suscribirse a los planes de pago de ChatGPT directamente desde el menú de ajustes de iOS, con una comisión para Apple por las suscripciones canalizadas a través de su plataforma.

En OpenAI, las expectativas eran muy altas. El acuerdo se veía como un eje central de su estrategia de distribución, capaz de impulsar millones de nuevas altas en ChatGPT Plus entre la enorme base instalada de iPhone, iPad y Mac, y de consolidar su posición frente a rivales como Google Gemini o Claude (Anthropic). La compañía confiaba en que los ingresos derivados de esta integración alcanzaran cifras de miles de millones de dólares anuales.

La realidad, sin embargo, ha sido mucho más fría: las previsiones no se han cumplido, la tasa de conversión a planes de pago es muy inferior a la esperada y buena parte de los usuarios ni siquiera es consciente de que puede utilizar ChatGPT a través de Siri. Un desencanto que ha ido escalando hasta el punto de llevar a OpenAI a plantearse el camino de los tribunales.

Una integración limitada y poco visible que enoja a OpenAI

Integracion limitada de ChatGPT en Siri

La queja central de OpenAI es que, pese al ruido del anuncio inicial, la integración de ChatGPT en los productos de Apple se ha quedado en algo superficial y escondido. Para invocar el modelo desde Siri, en muchos casos el usuario debe mencionar de forma explícita “ChatGPT” en el comando de voz o texto, y las respuestas aparecen en una ventana reducida, con menos información que en la app independiente del chatbot.

Estudios internos de OpenAI apuntan a que la mayoría de los clientes de Apple prefiere utilizar directamente la aplicación de ChatGPT antes que pasar por Siri u otras capas del sistema. Algo que, según la compañía, se explica por dos factores: la función está enterrada en los menús y Apple no ha hecho un esfuerzo real por promocionarla ni por extenderla a más aplicaciones nativas.

Un ejecutivo de la startup, citado por Bloomberg, lo resumía así: “Hemos cumplido con todo desde el punto de vista del producto. Ellos no, y lo que es peor, ni siquiera han hecho un esfuerzo honesto”. Desde su óptica, Apple pidió a OpenAI que diera un “salto de fe” y confiara en una integración cuyo diseño final no estaba del todo cerrado, para luego optar por un despliegue discreto que ha reducido al mínimo el impacto en suscriptores.

Además de la visibilidad, hay otra fricción importante: Apple ha impuesto fuertes límites en materia de privacidad y acceso a datos. Para cumplir con su discurso de protección de la información del usuario, la compañía habría restringido el contexto que ChatGPT puede utilizar para personalizar respuestas. Para OpenAI, estas restricciones han restado atractivo a la integración, al impedir experiencias tan ricas como las que ofrece la app nativa.

El resultado, según estimaciones de la industria, es que las tasas de adopción de ChatGPT desde Siri se han quedado muy por debajo del 5 % de la base de iPhone, a años luz de los objetivos de doble dígito que se manejaban cuando se firmó el acuerdo. Un nivel de uso que, traducido a negocio, está lejos de justificar el esfuerzo técnico y de marca que supuso la alianza.

OpenAI prepara el frente legal con un bufete externo

Acciones legales de OpenAI contra Apple

Ante este escenario, OpenAI ha decidido mover ficha. La compañía ha contratado un despacho legal externo para evaluar distintas opciones jurídicas contra Apple, que van desde un aviso formal por incumplimiento de contrato hasta la interposición de una demanda completa si la situación no se reconduce, como cuando los creadores de PUBG demandaron a Apple.

El primer paso que se baraja es el envío de una notificación de presunto incumplimiento, una figura habitual en disputas comerciales entre grandes tecnológicas. Este documento sirve para fijar la posición de la parte que se considera perjudicada, detallar qué cláusulas cree que se han vulnerado y abrir un periodo de negociación en condiciones más tensas, sin necesidad de presentar todavía una demanda ante los tribunales.

Fuentes cercanas al proceso indican que OpenAI preferiría resolver el conflicto sin llegar a un litigio completo, pero no descarta esa vía si Apple no acepta renegociar algunos aspectos clave del acuerdo: mayor visibilidad dentro del sistema, objetivos de conversión más claros o un reparto económico distinto. En cualquier caso, la startup estaría dispuesta a esperar a que se despeje antes otro frente judicial importante, el que mantiene con Elon Musk por el rumbo de la compañía.

Mientras tanto, Apple guarda silencio. Ni la empresa de Cupertino ni OpenAI han querido comentar de forma oficial los detalles del contrato ni las acusaciones de incumplimiento, y Reuters subraya que no ha podido verificar de manera independiente todos los extremos de las filtraciones. Pese a ello, el simple rumor de un posible choque legal ha tenido efecto inmediato en el mercado, con caídas puntuales de alrededor de un 1,2 % en el valor de las acciones de Apple, y se suma a otras demandas contra Apple.

Este frente se suma a otras tensiones legales que rodean hoy a OpenAI, como el litigio impulsado por Elon Musk o el creciente escrutinio a sus acuerdos de licencia de contenido. Dentro de ese contexto, chocar también con Apple —uno de los socios más influyentes en hardware y sistemas operativos— complica aún más el tablero para la compañía de Sam Altman.

Recelos en Cupertino: privacidad, fichajes y hardware rival

El malestar no es unidireccional. En Apple hay reservas crecientes sobre el papel de OpenAI como socio a largo plazo. Uno de los puntos sensibles es el encaje de la tecnología de ChatGPT con el modelo de privacidad que la compañía defiende desde hace años, tanto a nivel de marketing como ante los reguladores europeos y estadounidenses.

En Cupertino existe preocupación sobre cómo se tratan los datos que pasan por los modelos de OpenAI, qué información se almacena y con qué fines se reutiliza. Aunque ambas empresas han difundido mensajes tranquilizadores, sectores internos de Apple presionan para minimizar riesgos y depender lo menos posible de terceros a la hora de gestionar información sensible de los usuarios.

A esa inquietud se suma otro frente, más corporativo: OpenAI ha fichado a numerosos ingenieros y perfiles clave procedentes de Apple, especialmente en las áreas de diseño y hardware. La compra de una startup impulsada por Jony Ive —histórico responsable de diseño del iPhone y del iMac— para trabajar en una nueva generación de dispositivos con IA ha sido interpretada dentro de Apple como un movimiento agresivo.

La idea de que un socio tecnológico se apoye en exdirectivos de la casa para desarrollar un hardware que podría competir conceptualmente con el iPhone no ha sentado nada bien. En este contexto, el pacto con OpenAI deja de verse como una simple integración de software y pasa a percibirse como una apuesta arriesgada que, a medio plazo, podría reforzar a un rival directo en el terreno de los dispositivos.

Todo ello coincide además con los esfuerzos internos de Apple para acelerar su propia hoja de ruta en inteligencia artificial. Proyectos como ‘Ajax’ y la marca Apple Intelligence apuntan a un futuro en el que la compañía dependa menos de terceros, algo que refuerza la idea de que la asociación con OpenAI podría haber sido, en parte, una solución de transición más que un matrimonio de largo recorrido.

Apple abre Siri a varios modelos de IA y estrecha lazos con Google

En paralelo al conflicto con OpenAI, Apple está redefiniendo su estrategia de inteligencia artificial. La compañía trabaja en iOS 27 y una versión renovada de Siri que funcionará como una especie de «hub» de modelos de IA, permitiendo a los usuarios elegir entre distintos proveedores para responder preguntas, generar textos o crear imágenes.

Entre los modelos que Apple ya está probando se encuentran Claude, de Anthropic, y Gemini, de Google. Bloomberg y otros medios apuntan a que la integración de Gemini será especialmente profunda: el procesador de Google impulsará buena parte de la nueva Siri que Apple prevé lanzar a partir de 2026, apoyándose además en la infraestructura en la nube de su socio histórico y rival en muchos frentes.

El acuerdo con Google, descrito como una colaboración estratégica de varios años, sí incluiría pagos directos importantes por parte de Apple, en el entorno de los mil millones de dólares anuales, según estimaciones de analistas. Una cifra que contrasta con la relación económica, mucho menos clara, que vincula a Apple con OpenAI, donde el foco se puso más en la distribución y las suscripciones que en los cheques directos.

Con la llegada del nuevo sistema de extensiones de IA en Siri, ChatGPT perderá de facto cualquier papel semi-exclusivo que pudiese haber tenido en el ecosistema de Apple. La presencia de varios modelos competidores en una misma interfaz puede diluir el protagonismo de OpenAI, aunque también abre la puerta a un escenario en el que sea el usuario quien decida qué servicio utilizar, lo que, en teoría, podría favorecer a la mejor experiencia.

Desde la perspectiva regulatoria europea, esta apertura a múltiples proveedores puede jugar a favor de Apple. Bruselas vigila de cerca los acuerdos de las grandes plataformas, especialmente en ámbitos como buscadores, navegadores y asistentes digitales. Ofrecer varias opciones en Siri y Apple Intelligence podría servir como argumento para defender que no hay un cierre del mercado ni un trato preferente injustificado a un solo actor.

Impacto en el mercado, lecciones para el ecosistema y foco europeo

El choque entre Apple y OpenAI se produce en un momento en el que la inteligencia artificial se ha convertido en eje de la competencia entre gigantes tecnológicos. Controlar el asistente y el sistema operativo significa, en la práctica, decidir qué modelo de IA está en la primera línea del uso cotidiano y quién se queda con el grueso de los ingresos derivados.

Para Apple, diversificar proveedores —Google, Anthropic, OpenAI y otros que puedan llegar— le permite negociar en mejor posición y reducir dependencias. Para OpenAI, en cambio, perder peso dentro del iPhone supone renunciar a una palanca de crecimiento que consideraba estratégica, especialmente en territorios como la Unión Europea, donde la cuota de mercado de iOS es especialmente relevante en los segmentos de mayor poder adquisitivo.

El caso también lanza un aviso claro a startups y empresas europeas que dependen de plataformas de terceros para distribuir sus productos. La experiencia de OpenAI con Apple muestra que apostarlo todo a un único canal controlado por otro actor con más poder puede convertirse en un riesgo: cambios de estrategia, límites de visibilidad o integraciones a medio gas pueden tirar por tierra previsiones de ingresos muy ambiciosas.

En la UE, además, el conflicto encaja en un contexto normativo cada vez más exigente. El recién aprobado Reglamento de Inteligencia Artificial (AI Act) y la Ley de Mercados Digitales obligan a las grandes tecnológicas a ser más transparentes con sus algoritmos, sus acuerdos y el trato que dan a socios y competidores dentro de sus plataformas. No sería extraño que un eventual litigio Apple-OpenAI acabase despertando el interés de Bruselas para analizar las condiciones del pacto.

Todo este pulso llega mientras OpenAI lidia con otros frentes públicos, como la disputa con Elon Musk sobre la naturaleza de la compañía o las peticiones en Estados Unidos para investigar posibles efectos anticompetitivos de sus acuerdos con grandes fabricantes. Para el ecosistema de IA, la situación se percibe como un ejemplo de cómo las alianzas que en un principio parecen ideales pueden desinflarse cuando se cruzan intereses comerciales, ambiciones de hardware y exigencias regulatorias.

Lo que arrancó como un supuesto matrimonio perfecto entre el gigante del hardware y la estrella de la IA generativa ha acabado derivando en un pulso complejo sobre dinero, visibilidad y control del ecosistema. En los próximos meses se verá si Apple y OpenAI logran reconducir la relación con una renegociación discreta o si el desacuerdo termina cristalizando en una demanda de alto perfil que marcaría un precedente para futuras colaboraciones en inteligencia artificial, también en el mercado europeo.

Epic VS Apple
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