Phil Schiller, uno de los rostros más reconocibles de Apple durante las últimas cuatro décadas, ha dado un paso al lado en sus responsabilidades operativas. El ejecutivo, que llevaba años al frente de la App Store y de la organización de los grandes eventos de la compañía, abandona ambas funciones, aunque no se desvincula por completo de la empresa. Según ha adelantado Bloomberg y han confirmado posteriormente The Verge y otros medios, Schiller conservará su título de Apple Fellow y se dedicará a iniciativas que, por ahora, no han sido especificadas.
La noticia llega en un momento especialmente simbólico para Apple, ya que coincide con la última jornada de Tim Cook como consejero delegado. John Ternus, hasta ahora responsable de ingeniería de hardware, asume oficialmente el cargo de CEO a partir del 1 de septiembre. La salida de Schiller de sus funciones ejecutivas se interpreta dentro de la compañía como un paso más hacia su jubilación definitiva, aunque el propio Schiller, de 66 años, seguirá vinculado a Cupertino en un rol más difuso.
Una trayectoria ligada a los grandes lanzamientos de Apple
Phil Schiller se incorporó a Apple por primera vez en 1987, aunque abandonó la empresa en 1993 para regresar en 1997, coincidiendo con la vuelta de Steve Jobs. Desde entonces, su carrera ha estado ligada a algunos de los hitos más importantes de la compañía. Como vicepresidente sénior de marketing mundial, participó activamente en el lanzamiento del iPod, el iPhone, el iPad y el Apple Watch, así como en la creación de la App Store en 2008, junto a Steve Jobs.
En 2020, Schiller dejó la dirección de marketing, que pasó a manos de Greg Joswiak, pero conservó dos áreas clave: la App Store y la organización de eventos. Durante estos últimos años, ha tenido que lidiar con una presión regulatoria creciente, incluyendo la adaptación a la Ley de Mercados Digitales de la Unión Europea, la batalla legal contra Epic Games y los cambios normativos en países como Brasil y Japón. También ha sido el encargado de supervisar la transformación de las keynote presenciales hacia producciones audiovisuales más elaboradas, un cambio que se aceleró tras la pandemia.
La App Store cambia de departamento
Uno de los cambios más significativos de esta reorganización es que la App Store deja de depender del área de marketing para integrarse en la división de Servicios, liderada por Eddy Cue. Cue, que ya había supervisado la tienda de aplicaciones hasta 2015, recupera ahora el control de una de las áreas más sensibles de Apple. En el día a día, la gestión de la App Store recaerá en Carson Oliver, un veterano de la compañía con más de 14 años de experiencia en la división, que reportará directamente a Cue.
Oliver contará con el apoyo de Ann Thai, responsable de distribución de aplicaciones y tiendas de terceros, y de Alex Rofman, al frente de Apple Arcade. Esta estructura busca mantener la continuidad en la operación diaria, mientras que la supervisión estratégica queda en manos de Cue, un ejecutivo con un perfil más orientado a los servicios y las suscripciones.
Los eventos de Apple, en manos de Nola Weinstein
La organización de los eventos de Apple, que incluye las keynote de presentación de productos y la WWDC, pasa ahora a ser responsabilidad de Nola Weinstein, que durante los últimos años había ejercido como la mano derecha de Schiller en esta área. Weinstein reportará directamente a Kristin Huguet, vicepresidenta de Comunicación y Relaciones Públicas, lo que supone un cambio de dependencia: antes lo hacía a través de marketing, ahora lo hará a través de comunicación.
Este movimiento refleja la intención de Apple de dar un enfoque más corporativo a sus presentaciones, que en los últimos años se han convertido en producciones audiovisuales de alta calidad, con un guion muy cuidado y una puesta en escena cada vez más cinematográfica. La transición, no obstante, no debería afectar a los próximos lanzamientos, como el evento previsto para el 9 de septiembre, en el que se espera la presentación de los nuevos iPhone.
El fin de una era en la cúpula de Apple
La salida de Schiller de sus funciones operativas no es un hecho aislado. En los últimos meses, Apple ha vivido una auténtica ola de cambios en su cúpula directiva. Jeff Williams, ex jefe de operaciones, se jubiló en diciembre; Kate Adams, consejera general, dejó su cargo; Jennifer Bailey, responsable de Apple Pay, se jubilará en octubre; y Paul Meade, vicepresidente del proyecto Vision Pro, se marchó a OpenAI. A esta lista se suman las salidas de Luca Maestri, ex director financiero, y de otros ejecutivos de segundo nivel.
John Ternus, el nuevo CEO, hereda una empresa financieramente sólida, pero con un equipo de liderazgo muy renovado y con varios frentes regulatorios abiertos. La marcha de Schiller, uno de los últimos representantes de la era Jobs, tiene un valor simbólico importante: cierra un capítulo en la historia de Apple y abre otro en el que las decisiones sobre el ecosistema iOS las tomará una generación de ejecutivos que no vivió el lanzamiento del iPhone original.
Para los desarrolladores y las empresas que dependen del ecosistema de Apple, el cambio más relevante es la integración de la App Store en la división de Servicios. Esto podría implicar, a medio plazo, un mayor énfasis en las suscripciones y en los ingresos recurrentes, así como una mayor sensibilidad a las críticas y presiones regulatorias sobre la App Store. La orden judicial que obliga a Apple a permitir enlaces a sistemas de pago externos sigue activa, y el caso contra Epic Games continúa abierto, por lo que la nueva estructura tendrá que hacer frente a estos desafíos.
Phil Schiller, mientras tanto, seguirá vinculado a Apple como Apple Fellow, un título honorífico que la compañía reserva a sus figuras más destacadas. Su experiencia y su conocimiento de la industria seguirán estando a disposición de la empresa, aunque ya sin la presión de gestionar una de las tiendas de aplicaciones más importantes del mundo. El tiempo dirá en qué se concretan esas «iniciativas no especificadas» a las que se ha comprometido, pero lo que parece claro es que su etapa como protagonista sobre el escenario ha llegado a su fin.