Meses después de su llegada, iOS 26 avanza con un ritmo poco habitual entre los usuarios de iPhone. Los datos públicos disponibles apuntan a que una parte importante de la base instalada sigue anclada en iOS 18, algo que contrasta con lo ocurrido en ciclos anteriores y que está alimentando el debate en la comunidad tecnológica. El panorama es llamativo porque, en otras ocasiones, las nuevas versiones del sistema de Apple se imponían en cuestión de pocas semanas. Ahora el ritmo es mucho más pausado, con un sistema que introduce un cambio visual profundo —Liquid Glass— y un empuje mayor hacia funciones basadas en inteligencia artificial, mientras muchos usuarios prefieren tomárselo con calma y permanecer en terreno conocido.
Un porcentaje inusualmente bajo para iOS 26
Según las cifras recopiladas por StatCounter a partir de tráfico web en enero de 2026, apenas entre el 15% y el 16% de los iPhone activos a nivel mundial estarían ejecutando alguna variante de iOS 26. El desglose sitúa a iOS 26.1 alrededor del 10,6% de los dispositivos, iOS 26.2 en torno al 4,6% y la versión inicial 26.0 cerca del 1,1%.
En paralelo, más del 60% de los terminales seguirían en iOS 18, con las versiones iOS 18.7 e iOS 18.6 concentrando buena parte de la base instalada. Es un reparto muy distinto al que se observaba en otras generaciones, cuando el nuevo sistema se imponía mucho antes y dejaba a las ediciones anteriores en un segundo plano en cuestión de meses.
La propia web MacRumors, que analiza el tráfico de sus lectores, ha detectado un cambio acusado en el comportamiento de actualización. En la primera semana de enero del año pasado, casi nueve de cada diez visitantes usaban alguna versión de iOS 18. En el mismo tramo temporal de este año, solo alrededor del 25,7% de quienes acceden a la página lo hacen ya con iOS 26, una caída significativa de la proporción de usuarios en la última versión.

Comparación con otros lanzamientos de iOS
Si se comparan estas cifras con las de ciclos anteriores, la diferencia se hace más evidente. De acuerdo con los registros históricos de StatCounter, cuatro meses después del lanzamiento de iOS 18 —en enero de 2025—, aproximadamente el 63% de los usuarios ya se había pasado a esa versión.
Con iOS 17, en enero de 2024, la adopción también avanzó con fuerza: superaba el 50% en plazos similares. Y con iOS 16, a inicios de 2023, el sistema llegó a situarse incluso por encima del 60% de cuota en ese mismo marco temporal. Frente a estos datos, iOS 26 se queda muy atrás y su curva de crecimiento parece ir a menos de una cuarta parte del ritmo que marcaron sus predecesores.
Esta desaceleración tiene implicaciones prácticas. El modelo de desarrollo de Apple y de muchas apps de terceros está pensado para que, en pocos meses, la última versión del sistema se convierta en la referencia. Si la mayoría de usuarios tarda más en actualizar o decide quedarse durante más tiempo en iOS 18, los desarrolladores pueden verse obligados a prolongar la compatibilidad con versiones anteriores y a retrasar la adopción plena de funciones exclusivas de iOS 26.
StatCounter frente a TelemetryDeck: dos fotos diferentes
El cuadro, sin embargo, cambia bastante si se miran otras fuentes. TelemetryDeck, que obtienen sus métricas a través de datos anónimos enviados por aplicaciones que integran su SDK, ofrece una lectura mucho más favorable para iOS 26. Sus paneles apuntan a que, a comienzos de 2026, cerca del 60% de los dispositivos activos ya se habrían actualizado al nuevo sistema, mientras que alrededor del 37% seguiría en iOS 18.
Ambos servicios coinciden en la tendencia general —iOS 26 no se ha impuesto con la misma claridad ni la misma rapidez que otras versiones—, pero discrepan de forma notable en los porcentajes exactos. Esta brecha numérica se explica, en buena medida, por la metodología empleada: StatCounter se basa en impresiones de páginas web, donde el navegador informa de la versión del sistema, mientras que TelemetryDeck se apoya en el uso real de aplicaciones.
En la práctica, eso significa que StatCounter puede infrarepresentar a quienes pasan más tiempo en apps que en el navegador, y TelemetryDeck tiende a reflejar a un público más cercano a los desarrolladores y usuarios avanzados, a menudo más proclives a actualizar pronto. De hecho, varias empresas de software han indicado que sus estadísticas internas se parecen más a lo que refleja TelemetryDeck que a los datos puramente basados en navegación web.
La situación se complica porque Apple no publica de forma regular cifras oficiales de adopción, por lo que el análisis se apoya en estimaciones de terceros. El resultado es que la discusión sobre si iOS 26 está realmente “atascado” o simplemente avanzando algo más despacio de lo habitual queda abierta, y todo apunta a que la realidad podría encontrarse en un punto intermedio entre ambos extremos.
El peso de Liquid Glass y el cambio visual
Uno de los elementos más señalados a la hora de explicar la cautela de muchos usuarios es el rediseño de la interfaz. iOS 26 introduce Liquid Glass como eje central del aspecto del sistema, sustituyendo muchas zonas opacas por capas translúcidas, fondos difuminados y efectos de profundidad dinámicos que afectan a menús, paneles y controles.
Se trata del cambio estético más relevante desde iOS 7, y la reacción ha sido dispar. Parte de la comunidad valora que el sistema gane en dinamismo, pero otra parte percibe que los fondos y transparencias pueden recargar la pantalla y dificultar la legibilidad en el día a día, sobre todo en usos intensivos o en entornos con mucha luz. En foros y redes sociales se repite la idea de que el diseño luce muy bien en una demostración, pero no convence tanto tras varias horas de uso continuado.
Esta impresión ha llevado a algunos usuarios a hablar de cierta “sobrecarga visual” y a preferir la estética más sobria y familiar de iOS 18. Apple ha reaccionado ajustando algunos niveles de transparencia y ofreciendo más opciones para reducir los efectos, pero eso no ha evitado que una parte del público vea el salto como demasiado brusco para un sistema que se usa constantemente a lo largo del día.
Seguridad, parches y el dilema de actualizar
La otra cara de este comportamiento prudente es la cuestión de la seguridad. Aunque Apple sigue distribuyendo correcciones críticas también para versiones anteriores del sistema, algunas de las vulnerabilidades más recientes se han cerrado primero —o solo— en las iteraciones de iOS 26. Un ejemplo son los fallos que, según la documentación oficial y la prueba de seguridad de iOS 26.3, podrían explotarse en ataques muy sofisticados dirigidos a objetivos concretos en dispositivos que se mantengan en sistemas previos.
Para los usuarios europeos más sensibles a la privacidad, esto plantea un dilema: quedarse en una versión percibida como más sólida pero con el riesgo de ir recibiendo los parches con menos rapidez, o dar el salto a un sistema más reciente que, además de cambios estéticos y nuevas funciones, incorpora la protección más actual frente a amenazas emergentes.
El propio ritmo al que Apple decide convertir iOS 26 en “actualización recomendada” dentro de Ajustes también juega su papel. En esta ocasión, la compañía ha sido más comedida a la hora de empujar la actualización, lo que muchos interpretan como una señal implícita de que no es imprescindible actualizar de inmediato si el dispositivo funciona correctamente con la versión instalada.
Con todos estos elementos sobre la mesa, iOS 26 se encuentra en una situación poco habitual para una gran versión del sistema: su despliegue es más lento y más discutido que el de sus predecesores, y la comunidad se mueve entre la curiosidad por las nuevas funciones y la comodidad —e incluso la desconfianza— hacia un rediseño que aún debe demostrar su solidez en el uso cotidiano.