Telegram avisa: por qué WhatsApp vuelve a estar bajo sospecha de seguridad

  • Pável DĂşrov critica la seguridad de WhatsApp y denuncia mĂşltiples vectores de ataque en su cifrado
  • La demanda colectiva contra Meta reabre el debate sobre el acceso a las comunicaciones privadas en WhatsApp
  • Telegram y WhatsApp presumen de seguridad, pero su protecciĂłn y cifrado funcionan de forma diferente
  • En Europa crece el interĂ©s por alternativas centradas en la privacidad ante las dudas sobre la mensajerĂ­a tradicional

Aplicaciones de mensajerĂ­a y privacidad

Las críticas de Pável Dúrov, CEO de Telegram, han vuelto a colocar a WhatsApp en el centro del debate sobre la seguridad en la mensajería instantánea. Sus declaraciones, lanzadas en redes sociales, ponen en cuestión que la plataforma de Meta sea realmente una opción fiable para proteger las conversaciones privadas en pleno 2026.

En un contexto en el que los usuarios europeos son cada vez más sensibles a la privacidad de sus datos y a cómo se cifran sus chats, las palabras del fundador de Telegram se suman a las dudas que ya planeaban sobre WhatsApp, especialmente a raíz de nuevas acciones legales contra Meta en diferentes países.

La advertencia de Pável Dúrov: WhatsApp no sería seguro en 2026

Según información difundida por medios internacionales como Insider Paper, Pável Dúrov ha cargado con dureza contra WhatsApp al afirmar que es un error confiar en la seguridad que la aplicación asegura ofrecer a sus usuarios este año.

En un mensaje publicado en su cuenta de X (antes Twitter), Dúrov llegó a decir que hay que estar fuera de la realidad para pensar que WhatsApp es seguro en 2026. Según relató, el equipo de Telegram habría analizado la forma en que la app de Meta implementa su cifrado y, en ese proceso, habría detectado “múltiples vectores de ataque” que podrían comprometer las comunicaciones.

Con ese término se refiere a posibles vías técnicas por las que un tercero podría intentar acceder a datos que se presuponen protegidos. Aunque WhatsApp sostiene desde hace años que su sistema de cifrado de extremo a extremo mantiene a salvo los mensajes, Dúrov insinúa que la implementación real de esa protección no sería tan sólida como se presenta al público.

La crítica cala especialmente en usuarios de España y del resto de Europa, donde la confianza en las grandes tecnológicas se ha ido erosionando tras sucesivos escándalos de filtraciones, brechas de datos y cambios en las políticas de privacidad de las plataformas.

Demanda colectiva contra Meta y dudas sobre las comunicaciones privadas

El comentario de Dúrov no surgió de la nada. Fue, en realidad, una respuesta directa a una publicación que informaba sobre una nueva demanda colectiva contra Meta Platforms, matriz de WhatsApp, que vuelve a poner el foco en cómo se gestionan los datos dentro de la compañía.

Esta acción legal, presentada ante un tribunal de distrito en San Francisco (Estados Unidos), ha sido impulsada por usuarios de varios países como Australia, Brasil, México, India y Sudáfrica. El grupo de demandantes sostiene que Meta tendría la capacidad de almacenar, analizar y acceder a prácticamente todas las comunicaciones privadas que se producen a través de WhatsApp.

Estas acusaciones chocan frontalmente con la imagen que la empresa proyecta en Europa, donde insiste en que no puede leer los mensajes cifrados de extremo a extremo. Sin embargo, la demanda plantea interrogantes sobre qué ocurre con los metadatos, las copias de seguridad y otros elementos del ecosistema de WhatsApp que podrían permitir cierto nivel de seguimiento o perfilado de los usuarios.

En este escenario, Dúrov aprovecha para insistir en que siguen existiendo “dudas persistentes” sobre cómo se aplica realmente la encriptación en WhatsApp. Para el fundador de Telegram, el caso ilustra que la seguridad no puede medirse solo por el eslogan del cifrado, sino también por lo que ocurre detrás, en los servidores y en las políticas internas de cada compañía.

WhatsApp frente a Telegram: dos modelos de cifrado y seguridad

Las declaraciones del CEO de Telegram reavivan una discusión que lleva años sobre la mesa: ¿qué aplicación de mensajería ofrece de verdad mejores garantías de seguridad? La comparación entre WhatsApp y Telegram no es nueva, pero los matices técnicos siguen generando debate, también entre usuarios españoles.

Hasta alrededor de 2016, muchos analistas veían a Telegram como la app con el cifrado más avanzado entre las principales plataformas de mensajería. En aquel momento, WhatsApp todavía no había terminado de desplegar su sistema de cifrado de extremo a extremo para todos los chats.

Más tarde, WhatsApp activó ese cifrado en todas las conversaciones, de forma que, en teoría, solo el emisor y el receptor pueden leer los mensajes, escuchar las llamadas y acceder a los archivos compartidos. La compañía asegura que ni siquiera ella misma puede descifrar el contenido, ya que las claves necesarias solo se encuentran en los dispositivos de los usuarios, y cuenta además con medidas como el bloqueo de chats para aumentar la seguridad.

Telegram, por su parte, utiliza un enfoque distinto: en los chats normales, los mensajes se cifran entre el dispositivo del usuario y los servidores de la plataforma. Esto implica que el servidor juega un papel central en el sistema y, aunque las comunicaciones estén protegidas frente a terceros externos, la arquitectura no es idéntica a la del cifrado extremo a extremo aplicado de forma generalizada.

La propia Telegram ofrece una función específica, los “chats secretos”, que sí cuentan con cifrado de extremo a extremo, orientados a quienes buscan una capa de privacidad adicional. Sin embargo, no todas las conversaciones dentro de la app se benefician por defecto de este tipo de protección, algo que también ha sido señalado por especialistas en seguridad.

Es decir, mientras WhatsApp proclama que todo está cifrado de extremo a extremo, algunos informes y críticas apuntan a que existen puntos débiles potenciales en la implementación y en la gestión de los datos asociados. Telegram, por su lado, se presenta como alternativa más segura, pero tampoco está exenta de cuestionamientos por el diseño de su cifrado en la mayoría de los chats.

PercepciĂłn de los usuarios en Europa y auge de alternativas centradas en la privacidad

Las advertencias sobre la seguridad real de WhatsApp se producen en paralelo a un cambio evidente de sensibilidad entre los usuarios europeos. Cada vez es más habitual que se busquen aplicaciones de mensajería cuyo principal reclamo sea la protección de la privacidad, más allá de la popularidad o el número de contactos.

En paĂ­ses del norte de Europa, por ejemplo, se ha registrado un aumento constante en el uso de servicios que ponen el foco en la seguridad de las conversaciones y el control del usuario sobre sus datos. Estas cifras reflejan un cierto cansancio con el modelo de negocio de las grandes plataformas y una mayor atenciĂłn a cĂłmo se gestionan realmente los mensajes, las copias de seguridad y los metadatos.

El caso de WhatsApp y las críticas de Dúrov encajan en una tendencia más amplia: la gente empieza a desconfiar de las grandes compañías cuando se trata de información privada, especialmente después de años de polémicas sobre filtraciones y cambios unilaterales en las condiciones de uso.

En España y en otros países europeos, el debate sobre la mensajería ya no se limita a qué aplicación es más cómoda o tiene más funciones, sino a qué servicio ofrece garantías más sólidas frente a accesos no autorizados, ya vengan de ciberdelincuentes, gobiernos o incluso de las propias empresas que gestionan las plataformas.

Sobre la mesa está, en definitiva, una cuestión clave: ¿quién merece nuestra confianza cuando todas las apps aseguran ser seguras? Las palabras de Dúrov sobre WhatsApp en 2026, unidas a las demandas contra Meta y a las diferencias técnicas entre modelos de cifrado, refuerzan la idea de que conviene mirar más allá de los eslóganes y revisar con calma cómo funciona cada servicio antes de decidir en cuál se mantienen las conversaciones más sensibles.

Todo este contexto dibuja un panorama en el que ni WhatsApp ni Telegram pueden presumir de blindaje absoluto, y en el que las autoridades europeas y los propios usuarios se ven empujados a exigir mayor transparencia, mejores explicaciones técnicas y compromisos reales con la privacidad, más allá de campañas de marketing o promesas genéricas.

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