
La tormentosa relación entre Telegram y el Gobierno ruso ha sumado un nuevo capĆtulo que pone de manifiesto la creciente presión sobre las plataformas digitales. A pesar de los intentos de bloqueo que se arrastran desde hace tiempo, la aplicación sigue siendo un pilar fundamental para la comunicación en la región, algo que no termina de convencer a las autoridades de MoscĆŗ, quienes insisten en aplicar su normativa de control con mano dura.
En esta ocasión, el Tribunal del Distrito Taganski de MoscĆŗ ha vuelto a situar a la compaƱĆa de PĆ”vel DĆŗrov en el punto de mira. La justicia rusa ha dictaminado que la red de mensajerĆa es responsable de no vigilar adecuadamente los contenidos que circulan por sus canales, lo que ha derivado en una sanción económica que se suma a un historial ya de por sĆ bastante abultado y polĆ©mico.
Multas que no dejan de crecer en los tribunales moscovitas
La última cifra que Telegram tendrÔ que abonar asciende a 3,5 millones de rublos, lo que al cambio vienen a ser unos 45.000 dólares. No parece una cantidad desorbitada para un gigante tecnológico, pero el problema es el goteo constante de sanciones. De hecho, hace apenas unas semanas, la misma corte ya le impuso un correctivo de 10 millones de rublos por negarse a borrar materiales que el Kremlin considera fuera de la legalidad vigente.
Si echamos la vista atrĆ”s, el panorama es todavĆa mĆ”s complicado para la empresa. Durante el Ćŗltimo aƱo, la suma total de las multas ha superado ya los 100 millones de rublos, alcanzando una cifra cercana a los 1,4 millones de dólares. Estas medidas coercitivas, segĆŗn informan agencias como RIA Nóvosti, responden a un incumplimiento sistemĆ”tico de las leyes locales sobre el monitoreo de información en la red.
El conflicto por la pornografĆa y el uso de las VPN
El regulador ruso de las comunicaciones, el ya conocido Roscomnadzor, tiene una lista muy clara de lo que quiere ver fuera de la aplicación. En concreto, han exigido que se eliminen mĆ”s de 35.060 contenidos tachados de ilegales, donde se incluyen materiales de pornografĆa prohibida. Pero la cosa no se queda ahĆ, ya que tambiĆ©n han puesto el grito en el cielo por unas 35.500 publicaciones que facilitan el uso de VPN, esas herramientas que permiten saltarse los bloqueos y navegar de forma anónima.
Desde el punto de vista de las autoridades, el mantenimiento del bloqueo actual es necesario para garantizar la protección de los ciudadanos y asegurar que se cumpla la legislación nacional. Sin embargo, para PÔvel Dúrov, la lectura es totalmente opuesta. El fundador de la app, que incluso se enfrenta a una causa penal, defiende a capa y espada que todo este despliegue legal no es mÔs que una excusa para amordazar la libertad de expresión de los millones de usuarios que aún utilizan el servicio en territorio ruso.
Aunque los expertos coinciden en que cerrar el grifo a Telegram al 100% es una tarea tĆ©cnica titĆ”nica que Rusia ya intentó sin Ć©xito en el pasado, la realidad es que entorpecer su funcionamiento habitual puede acabar quemando a los usuarios. Si la aplicación empieza a fallar o se vuelve inestable por culpa de las restricciones, muchos podrĆan verse empujados a utilizar plataformas controladas o promovidas directamente por el Estado, perdiendo asĆ ese espacio de privacidad que tanto defienden.